domingo, 17 de febrero de 2008

El regreso de The Verve

Cuando The Verve publicó su primer álbum a principios de los noventa Richard Aschroft contaba con 22 añitos. En 1995 lanzaron A norther soul y en 1997, dos años antes de que la banda se separara publicaron el inmortal Urban hymns.

Ya como solista Richard Aschroft publica Alone with everybody, Human conditions y Keys to the world, tres colecciones a tener muy en cuenta, sobre todo la última de ellas.

Pues bien, la buena noticia es que en 2007 Aschroft ha vuelto a reunirse con Nick McCabe, Simon Jones y Meter Salisbury, con la intención de grabar un nuevo álbum firmado por The Verve.

Aquí los espero. Mientras tanto, pinchad sobre el título de Words Just Get In The Way, una joya incluida en Keys to the world. Disfrutadla, vale la pena.

martes, 12 de febrero de 2008

sábado, 9 de febrero de 2008

(des)integrar a mi madre

Mi madre es una buena persona, estoy convencido de ello, pero está mayor ya, muy mayor. Vive en la misma casa en que nació hace casi ochenta años, es más, duerme todas las noches en la misma cama en la que mi abuela dio a luz a todos sus hijos y seguramente en la misma cama tendremos que amortajarla. Es una buena persona, cualquiera que la conozca puede confirmarlo, pero la pobre anda un poco preocupada. Ha oído algo sobre un “Visado por puntos”, alguna de sus amigas, mientras tomaban el sol sentadas en un banco de la plaza, ha venido con el cuento de no se qué criterios para obtenerlo y la ha dejado con el corazón en un puño. Nada más llegar a casa me ha llamado por teléfono y lo hemos hablado, en valenciano, claro, porque ella nació en un pequeño pueblo de la Ribera Alta (comarca de la Comunidad Valenciana, situada en los márgenes del Xúquer, donde la vid ofrece los famosos moscateles y malvasías de Turís y Monserrat) y carece de conocimiento del español (léase castellano). Mientras la escucho pienso que pese a llevar cerca de un siglo bregando su capacitación profesional es deficiente y que ignora por completo el sistema legal de este país —ella, la pobre, opina que no ir a misa al menos los domingos es delito (¿no lo es, verdad? ¿o sí?) — y cuando hemos hablado de costumbres ella siempre sale con que su vecina tiene costumbre de sacudir la mopa, la alfombra y las migas del mantel por la ventana que da a la calle y que el marido tiene costumbre de dejar que su perro deposite zurullos de elefante en mitad de la acera. Ah y la cultura… la cultura ni mentarla, ella, que estudió lo justo para que el tendero no la engañe con el cambio y saber escribir su nombre. Me dice alarmada que jamás podrá cumplirlos, los criterios, a su edad, que jamás podrá obtener el dichoso visado y lo malo es que tiene razón. Yo pienso igualmente que ya no existe forma humana de integrarla. La verdad es que lo llevo pensando desde hace varios días en que yo también me desayuné con el visado de marras y me da miedo ese pensamiento. Ella me ha telefoneado para desahogarse, para pedirme apoyo y a mí me da miedo mi incapacidad para ayudarla porque mentiría si le dijera que se la puede integrar. Me da miedo decirle la verdad y como ella insiste a lo único que acierto es aconsejarla que no abra la puerta a nadie si Rajoy gana las próximas elecciones, que me llame enseguida, que se espere hasta que yo vaya, por si acaso al GRAN HERMANO se le ocurre acudir a su casa para desintegrarla.

sábado, 2 de febrero de 2008

"El tacto..." en EL LEVANTE

En el suplemento cultural POSDATA del periódico "LEVANTE El mercantil valenciano", correspondiente al 1 de febrero, se incluye la siguiente reseña a El tacto de un billete falso.

Lo cotidiano y lo trivial en los cuentos de Pepe Cervera

Relatos de algunos días

Eva Soler

No se equivocaba Julio Cortázar cuando observaba —sobre la escritura— la validez de cualquier historia con un apropiado método de composición. Los relatos que presenta Pepe Cervera en este breve volumen son la muestra más perceptible de que la realidad más tangible, los hechos más cotidianos y, obviamente, más prosaicos, se pueden convertir en una buena excusa para analizar los dramas y las actitudes humanas en la búsqueda de una supervivencia que es casi siempre moral. A la manera de Raymond Carver, la prosa de este joven autor muestra un estilo natural, convencional, que busca, sobre todo, ahondar en cuestiones aparentemente triviales que tienen, para sus protagonistas, motivos y esencias tan minúsculas como íntimas.

Los relatos, dentro de una línea de calidad meritoria, muestran, no obstante, bastante irregularidad. No es la misma destreza la ejercida en A ras de suelo, pieza magistral que relata los resquicios de ternura existentes entre las ruinas materiales y humanos —una madre toxicómana y su hija afanadas en la búsqueda de jeringuillas— que Monsieur Vatan, le professeur, relato hiperbreve que cuenta con demasiados lugares comunes y que se sale de la órbita trazada por el escritor en este libro de cuentos. Tampoco el barullo de información que crea en el lector el cuento Palabras sueltas —demasiado largo— que la tragedia contenida de CV 500 KM 21, ni la humanidad y pérdida mostrada en el relato 11 de julio de 2004 que Proyectos, donde, tras las primeras páginas, se produce una pérdida de interés en la historia y un manejo del diálogo de manera poco hábil.

No merece la pena dedicarse a narrar los juegos sexuales de un snob francés o darle vueltas a los motivos de un abuelo que rehúsa ver a sus nietos, cuando las historias de los otros comunes mortales son tratadas con tal delicadeza y vocación analítica; es el caso del relato que da título al libro El tacto de un billete falso. Javier recoge a su hija de la casa de su ex-mujer, quien le da un pequeño papel con la dirección del lugar en el que estará; mientras, él lleva a Lucía a un centro comercial donde actúa un mago. El mago convierte un billete falso, un papel doblado transformado en una especie de confeti, en una flor: dos imágenes se cruzan, la del billete falso y la dirección en el pedazo de hoja. No es necesario relatar más: a veces los escritores valen más por lo que callan que por lo que relatan.

Es el mismo mecanismo de ¿Y si es la felicidad? o Cuestión de tiempo. Asistimos a una especie de historia interior, perteneciente al pasado, que se cuela por las hendiduras del presente, a través del punto de vista de los personajes, quienes intentan emerger o sobrevivir, buscar lo que han perdido o lo que, desde una visión lógica de la existencia, les debería pertenecer. Y estos personajes —Javier, Lena o las voces anónimas de El vuelo rasante de las golondrinas— están obcecados en un ir y venir, en la exploración de un centro de gravedad que está cerca, pero que nunca alcanzan y, si lo han alcanzado, produce vértigo. Cervera sabe narrar los sentimientos, precisamente porque no los nombra.

La colección de cuentos que presenta Pepe Cervera en este breve volumen fueron escritos entre 2002 y 2005, año en el que ganó, durante la celebración de los Premios Otoño Villa de Chiva, el Premio Alhóndiga de narrativa breve. Primera publicación en libro del autor, vale la pena sumergirse en sus piezas más breves porque son éstas las que posibilitan al narrador mantener la tensión y hacer participar al lector. Sólo sería necesario un mayor trabajo sobre la prosa para sustraer a este joven autor definitivamente de la medianía.

viernes, 1 de febrero de 2008

Shiloh – Bobbie Ann Mason

Recuerdo que hace aproximadamente una década tuve en las manos este volumen de cuentos y que lo hojeé y lo ojeé durante un buen rato como suelo hacer antes de decidirme a comprar cualquier libro; recuerdo que por el motivo que fuera en aquella ocasión no lo incluí entre los libros que me llevé a casa y también recuerdo que curiosamente cinco o seis años más tarde, cuando en ese ir de un libro a otro volví a dar con el nombre de Bobbie Ann Mason, me vi obligado a buscarlo como un poseso por todas las librerías de viejo de Valencia hasta hacerme con un ejemplar. Cosas así ocurren a menudo, unas veces se acierta y otra se yerra, pero todas contribuyen a desarrollar el instinto, la facultad que permite desbrozar el camino que cada cual haya elegido.


Bobbie Ann Mason (Kentucky, 1942) publicó su primera historia corta en 1980, en la revista The New Yorker, y en 1982 publicó Shiloh, por el que se le otorgó el premio Hemingway a la mejor primera obra de aquel año, galardón que también ha sido concedido a otros muchos escritores importantes entre los que se cuentan Edward P. Jones, Jhumpa Lahiri o Yiyun Li. Daniel Alarcón fue finalista en 2006 con su excelente Guerra a luz de las velas.
Una de las primeras impresiones que se percibe leyendo Shiloh es que se trata de un libro que como tantos otros viaja en la estela de Catedral o Rock Springs —por citar dos claros ejemplos— si no fuera porque se publicó un año antes que el libro de Raymond Carver y cinco antes que el de Richard Ford, lo que puede acercarnos a concluir que Bobbie Ann Mason ha destilado las mismas sustancias que el resto de escritores incluidos frecuentemente en lo que se llama “minimalismo norteamericano”. No obstante, si se tiene en cuenta que este es su primer libro publicado, no es desacertado afirmar que Ann Mason —hoy autora de varias novelas, libros de memorias, biografías, crítica literaria y las colecciones de relatos Love Life (1989), Midnight Magic (1998), Zigzagging Down a Wild Trail (2002), y Nancy Culpepper (2006) — arrancó en posesión de una escritura hermosa y despejada.

Shiloh es ante todo literatura de personajes, si se entiende como tal cuando es a través de la evolución de los protagonistas que la historia también evoluciona; la forma en que se mueven, miran o reaccionan, resulta información suficiente para entender las emociones que experimentan y las inquietudes de las que difícilmente consiguen escapar. Sin embargo Ann Mason se aparta en sus descripciones de la sencillez minimalista para dotarlas de una mayor consistencia. La autora logra así sumergirse en los sentimientos de sus actores, pero al mismo tiempo —excluyendo elementos confusos que puedan complicar o entorpecer el avance de la historia— parece negarse a tomar parte en su comportamiento y autoriza al lector para que conjeture sobre las razones que les obligan a actuar de esa manera. Respecto a los personajes típicos de lo que se llama realismo sucio hay quien —pretendiendo simplificar sus resultados estilísticos— dice que se trata de seres corrientes con existencias convencionales. Después de leer los trece relatos que componen Shiloh uno piensa que no les falta razón en lo de corrientes y tampoco les falta en lo de convencionales. Aquí la escritura avanza sin obstáculos, ni más ni menos como avanza todo en la vida, y el misterio que estimula nuestras existencias se asemeja mucho al que se percibe en las historias de este libro. Y tal vez por eso mismo nos atraen los héroes de Bobbie Ann Mason, sí, tal vez porque nosotros, personas corrientes con vidas convencionales, también sentimos la necesidad de mirarnos al espejo para darnos cuenta de que hasta la más superficial de las muecas contribuye en el dibujo de nuestra fisonomía y lo que es más, en la configuración de nuestro carácter.

Ya he dicho anteriormente que pierdo muchas horas en las librerías, puede que demasiadas; me gusta abrir los libros al azar y leer párrafos enteros o saltar de frase en frase a lo largo de una página o buscar el principio y luego el final de cada relato. De esa manera tan poco pautada he conseguido muchos de los libros que hoy forman parte de los que considero indispensables. Ya he dicho que unas veces se acierta y otras se yerra. En principio Shiloh fue una casualidad que dejé pasar, luego se convirtió en un objeto de busqueda y más tarde en una sorpresa y en uno de los libros con cuya lectura podrá relamerse cualquier aficionado a la narrativa breve, eso creo; y cuando termine de leerlo, también creo que lamentará como yo lamento no disponer de la traducción de otros relatos de esta autora para seguir disfrutándola.

domingo, 27 de enero de 2008

Richard Bausch en LAS VICTORIAS PARCIALES

Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de dedicarle una entrada a Richard Bausch, a quien considero uno de mis referentes literarios —como bien lo adivinó Miguel Ángel Muñoz en la reseña que publicó de mi libro “El tacto…”— y autor de las colecciones de relatos Alguien que me cuide, La mujer del bombero y ¿No te alegras por mí?, cuyo disfrute debemos a la editorial Tropismos —que también editó en 2006, a mi entender, uno de los mejores libros de relatos de aquel año, Perforaciones de Francisco Afilado.
Una buena reseña sobre el trabajo de este escritor la he encontrado en la bitácora de Jon Bilbao, Las victorias parciales (parte 1 y parte 2), por lo que me decido a recomendar su lectura desde aquí, ya que estoy seguro de que os animará a continuar con la de los cuentos reseñados.

miércoles, 23 de enero de 2008

un inédito en "El síndrome Chéjov"

Mi más efusivo agradecimiento a Miguel Ángel Muñoz —autor del excelente libro de relatos titulado El síndrome Chéjov y una de las personas que más tenaz y rigurosamente está trabajando en favor del cuento español—, quien ha tenido a bien dedicar a mi cuento inédito De donde es invierno una entrada en su bitácora, una de las más interesantes y esmeradas que se pueden consultar por la red en relación a la narrativa breve; y quien lo dude no tiene más que visitarla para comprobarlo.

martes, 22 de enero de 2008

Uno de esos pensamientos que no tengo

La cadena pública de televisión española a través de su canal principal, nada más y nada menos que en la primera, estrena esta noche a las 22.00 horas —¿es esto el prime time?— Hijos de Babel, un reality show —otro, y van tropecientos mil—, en el que se brinda una segunda oportunidad a los inmigrantes que se encuentren en España, ya que parece ser requisito indispensable para formar parte del grupo de elegidos que ninguno de los participantes haya nacido en este país y supongo que otro de los requisitos será que las estén pasando canutas, para que así, de paso, se nos salten unas cuantas lagrimitas, ya que para nada sería lo mismo si los extranjeros que residen a lo largo y ancho de la costa española a cuerpo de rey participaran, aunque a lo mejor, o a lo peor, según como se mire, es que éstos no poseen las habilidades musicales que en las pruebas de selección del programa se han exigido, o que si las poseen no necesitan que nadie les subvencione un contrato discográfico porque son ellos los propietarios de las discográficas que fichan a los cantantes, ya sean españoles o no, yo que sé… me estoy liando y acabo de empezar.

Lo que quería decir es que no me cuento entre los aficionados a este tipo de programas —lo confieso, soy yo, el mismo, ese inconsciente que cuando se realizan los estudios de share no está frente al televisor—, no les encuentro la mínima gracia ni el entretenimiento y no suelo verlos, mejor dicho, no los veo, jamás, pero éste menos que ninguno. Si se puede decir, que ya no sé lo que se puede o no decir o pensar o cómo mirar dependiendo a quien en este país, el programita de marras me parece un caso de, lo diré en letra pequeña por si las moscas, racismo positivo. Como la marginación positiva, que últimamente también se da mucho —tanto o más que la cocina de diseño y yo añorando el potaje de garbanzos que hacía mi madre—, pero en racismo, eso creo, mira, sí, soy yo, ese inconsciente que se lía con una madeja de lana.

Un amigo me contó en una ocasión que un profesor universitario, hablando de política en una de sus clases, exponía que para comprobar el alcance nacionalista de una decisión adoptada en la Moncloa o en el parlamento español bastaba con imaginar que se había adoptado en la Generalitat catalana. Pues bien, con el mismo procedimiento, si alguien pudiera hacerme el favor de imaginar un programa en el que los extranjeros no tuvieran permitido participar, un programa planteado únicamente para personas nacidas en España, si alguien pudiera imaginar también, ya puestos, lo que ocurriría de ser la televisión autonómica vasca o la televisión autonómica catalana las que programaran concursos en los que el requisito fuera haber nacido en el país vasco o cataluña. Y lo pido como un favor, que alguien lo imagine por mí y me lo cuente luego, si es que hay alguien que puede, porque yo ya no sé lo que se puede o se debe imaginar o pensar, que esa es otra, tal vez debamos, sí, debamos, debamos pensar de una manera en concreto y yo no me he enterado o es mi cabeza la que no se ha enterado y yo voy por un sitio —en el fondo soy bueno y quiero ir por un sitio, lo prometo—, pero mi pensamiento va por otro, perdón, mis pensamientos, porque no tengo sólo uno, tengo varios, muchos, no es único, se rebela el condenado, le gusta ir a la suya y no para de mutar, por más que se esfuerce el GRAN HERMANO —no el del programa, ojo, el otro, el otro gran hermano, el de verdad, el que nadie ve pero todo el mundo sabe que existe, ¿o ese era Dios? … vuelvo a liarme, lo sé—, decía que por más que el GRAN HERMANO se esfuerce en mostrarme el camino que me conviene recorrer.

En fin, lo que quería decir es que a veces con tanto esfuerzo por integrar lo único que se consigue es… iba a añadir desintegrar, pero lo que de verdad pienso que se consigue es hacer el canelo; pero no soy yo, de verdad —yo soy un inconsciente, bueno pero inconsciente—, yo ya casi prefiero no pensar, son mis pensamientos, que vuelven a liarme.

domingo, 20 de enero de 2008

una reseña a "El tacto de un billete falso"


Agradezco la entrada que Miguel Sanfeliu ha dedicado en su blog, Cierta distancia —enlace que figura en la lista de mis LUGARES DE PASO— a El tacto de un billete falso. Admito que sus palabras me complacen enormemente por lo que tienen de elogio y más viniendo de quien vienen, ya que, aunque todavía no haya tenido oportunidad de conocerlo personalmente, considero a Miguel un hombre con un juicio literario sobradamente sensato —como será fácil comprobar a cualquiera que se asome a su bitácora— y con el que coincido en numerosas ocasiones.

miércoles, 16 de enero de 2008

Literatura en Valencia


Al igual que en la entrada de fecha nueve de enero, quiero dejar constancia del ciclo de conferencias que bajo el nombre de LITERATURA EN EL PALAU y coordinado por la escritora Fernanda Zabala se inaugura en el Palau de la Música el próximo 17 de enero con la asistencia de Susana Fortes.
Este año pasarán por Valencia Manuel Fernández Álvarez, Cirstina Fernández Bótes y Rafael Chirbes.