lunes, 11 de enero de 2010

miércoles, 6 de enero de 2010

Cuento de reyes magos con final feliz

Como en cada ocasión anterior desde que me alcanza la memoria, y confiado en que Melchor, Gaspar y Baltasar, sabrán recompensar por triplicado mi excelente comportamiento a lo largo del pasado año, he colocado cerca de la puerta de la terraza un cuenco de barro con agua para calmar la sed de los camellos reales, y una bandeja con dulces navideños para sus majestades. Y así, provisto de la cantidad de paciencia que caracteriza a la infancia, o sea, ninguna, me he sentado en una butaca dispuesto a esperar su llegada. Con la mirada fija en la puerta de la terraza dejo pasar las horas. Se acerca la madrugada y como en cada ocasión anterior desde que me alcanza la memoria, me duermo. Ignoro cuánto tiempo ha transcurrido, pero de súbito y aun profundamente dormido, reconozco el grato estremecimiento que me provoca advertir una presencia mágica. No obstante al abrir los ojos, en lugar de los tres hombres magos de oriente, envuelto en una niebla más densa de lo normal y que me ha hecho toser hasta atragantarme, observo frente a mí a un viejecito de espléndida barba negra, mirada desfallecida y aspecto famélico, vestido con túnica de lana de cabra rusa, ceñida a la cintura con varias vueltas de una faja ancha, sandalias de suelas desgastadas y pendiente del cuello una cadena con un gran medallón —bastante aparente pero falso— que supongo representa un sol. Me ha sorprendido y no gratamente, la verdad, verlo parado en mitad del salón comedor. ¿Qué hace aquí este octogenario desnutrido y vestido de cualquier manera seguido de un pollino escuchimizado, en lugar de los tres emperifollados soberanos montados en fastuosos camellos? me pregunto en mis pensamientos. Y sin darme tiempo a manifestar mi descontento en voz alta y formular mi más firme protesta, el hombrecito de marras me expone entre titubeos que no trae en los capachos de su burro ni oro, ni incienso, ni mirra; entre tanto ir y venir de Belén a Egipto y vuelta de Egipto a Belén para acabar en Jerusalén a las tantas, ni siquiera vino y aceite puede ofrecerme, ha dicho, tendiéndome un voluminoso paquete envuelto con un horripilante papel de estraza del que ya no se usa ni para cocinar. Después de esto ha liquidado en apenas cuatro bocados todos los pastelitos de gloria y turrones diversos destinados a los a partir de este momento tres traidores, y ¡zas! se ha esfumado tras la misma niebla cerrada que había acompañado su irrupción y que ha vuelto a provocarme una tos irritable. Mientras me pienso si abrir el paquete que se me ha entregado, o guardarlo tal cual para la próxima fiesta del amigo invisible a la que se me invite, mi estado de ánimo oscila desde la decepción al agravio, ambos sentimientos desapacibles que rápidamente dejan paso a la alegría cuando, habiendo optado por averiguar lo que esconde el chusco envoltorio, descubro un enorme volumen encuadernado en tapa dura —“Los cuentos” de Mavis Gallant que la editorial Lumen publicó el mes de septiembre pasado— y una escueta nota manuscrita pegada con un trocito de cinta adhesiva sobre la hoja de guarda:
Espero que valga por los tres que tú esperabas.
Firmado: Artabán.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Vídeo de la entrevista en Encontres

Aquí os dejo el vídeo de mi participación en el programa televisivo ENCONTRES, que se emitió en el canal autonómico Punt 2 el pasado día 21 de diciembre.

martes, 22 de diciembre de 2009

Banda sonora (V)



La vi entrar en el salón. Encendió la lámpara del techo y se puso a revolver el interior de un cajón del aparador. Dentro contemplé lo que parecía un altar montado sobre la mesa rectangular del comedor. Estaba cubierta con terciopelo rojo ribeteado con pasamanería dorada. Encima había cuatro candelabros, uno en cada esquina de la mesa, y un cáliz de latón en el centro. Toda llena de velones rojos y blancos la casa entera parecía un santuario. Miré hacia el fondo. Los torsos en relieve de los querubines colgaban como gárgolas de las paredes del pasillo. Por todas partes, allá donde miraba, me encontraba con imágenes religiosas.
Que qué relación guarda el incienso, los querubines y el Jesús del gran poder con el curanderismo. No lo sé. Reyes afirmaba que tan importante es la interpretación como los decorados. Cuidaba el detalle.
Puso en funcionamiento el equipo de música y buscó con un mando a distancia hasta que el CANON de Pachelbel comenzó a sonar por toda la casa. Había altavoces hasta en el techo del cuarto de baño.
—Volver a empezar —dijo. Cogió una de mis manos y me condujo hasta su habitación, donde se desnudó por completo sin ningún preámbulo.

(De “Conozco un atajo que te levará al infierno”, página 108)

jueves, 17 de diciembre de 2009

Entrevista en PUNT 2

El escritor Ricardo Bellveser me ha entrevistado para el programa de televisión ENCONTRES, que se emite en el canal autonómico PUNT 2 el lunes 21 de diciembre a las 22:00 horas, el miércoles 23 de diciembre a las 08:00 horas, y el domingo 27 de diciembre, a las 21:00 horas (¡ojo! No es extraño que la programación sufra cambios de horario, por lo que hasta yo mismo tendré que consultar la hora de emisión el día que me interese verlo).

El programa también puede verse en la página de TVV, punt 2 a la carta.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Otra novedad

Miguel Ángel Muñoz, autor de los libros de relatos El síndrome Chéjov (2006) y Quédate donde estás (2009), ambos publicados por la editorial Páginas de espuma, publica ahora El corazón de los caballos (Grupo Alcalá), según nota de la editorial “una narración sobre el rencor, el origen de la violencia y el talento, la belleza y su reverso en la sociedad actual, el fracaso. Narrada como un juego en el que unas historias contienen a otras, constituye una estimulante invitación a reflexionar sobre el poder de las narraciones para contarnos a nosotros mismos”.

Se puede acceder al primer capítulo pinchando aquí.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Dos novedades

Dos novedades cuya traducción ojalá alguna editorial española ya esté planteándose incluir en su catálogo. Too much happines es la nueva colección de relatos que la escritora canadiense Alice Munro ha publicado este recién pasado noviembre; y en Day out of days, anunciado para el mes de enero próximo, Sam Shepard ha recogido sus últimos relatos después del admirable El gran sueño del paraíso.
Habrá que seguir de cerca a las editoriales RBA y Anagrama —que son respectivamente las que publican a ambos autores— para comprobar si se animan a lo largo del 2010 que se avecina.

martes, 8 de diciembre de 2009

Banda sonora (IV)



Al día siguiente fue cuando decidí pasar la tarde buscando algo que en realidad le hiciera ilusión a Ata. Había mucha animación por la calle y todo eso, lo típico para la fecha del año de la que hablo. La gente entraba y salía de los comercios a raudales. Todo el mundo cargaba con paquetes envueltos con papel de regalo y lazos de colores, ya sabes. Era un hormiguero la calle Colón y la calle Jorge Juan y la calle Lauria. También Ruzafa y Játiva estaban muy concurridas. Pedazos de moqueta roja cubrían las aceras como si fueran alfombras extendidas en el suelo al paso de gente importante. Por todos lados se oían villancicos. Luces y más luces, pequeños árboles de navidad con lazos rojos prendidos en el extremo de sus ramas flanqueaban los escaparates, bolas doradas, espumillón de colores, bolas rojas y plateadas, nieve en spray sobre los cristales, más luces, luces colgando de un lado a otro de las calles. El aire del atardecer era todo una aureola por tanta luz derramada. Villancicos cantados por Boney M., por Bing Crosbi y David Bowie, por Raphael. El aire olía a navidad, dulce navidad.

(De “Conozco un atajo que te levará al infierno”, páginas 101 y 102)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

"El atajo..." en LA TORMENTA EN UN VASO


Amadeo Cobas reseña Conozco un atajo que te llevará al infierno para el blog de crítica literaria "La tormenta en un vaso" (pincha aquí si quieres leerla).