sábado, 12 de diciembre de 2009

Otra novedad

Miguel Ángel Muñoz, autor de los libros de relatos El síndrome Chéjov (2006) y Quédate donde estás (2009), ambos publicados por la editorial Páginas de espuma, publica ahora El corazón de los caballos (Grupo Alcalá), según nota de la editorial “una narración sobre el rencor, el origen de la violencia y el talento, la belleza y su reverso en la sociedad actual, el fracaso. Narrada como un juego en el que unas historias contienen a otras, constituye una estimulante invitación a reflexionar sobre el poder de las narraciones para contarnos a nosotros mismos”.

Se puede acceder al primer capítulo pinchando aquí.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Dos novedades

Dos novedades cuya traducción ojalá alguna editorial española ya esté planteándose incluir en su catálogo. Too much happines es la nueva colección de relatos que la escritora canadiense Alice Munro ha publicado este recién pasado noviembre; y en Day out of days, anunciado para el mes de enero próximo, Sam Shepard ha recogido sus últimos relatos después del admirable El gran sueño del paraíso.
Habrá que seguir de cerca a las editoriales RBA y Anagrama —que son respectivamente las que publican a ambos autores— para comprobar si se animan a lo largo del 2010 que se avecina.

martes, 8 de diciembre de 2009

Banda sonora (IV)



Al día siguiente fue cuando decidí pasar la tarde buscando algo que en realidad le hiciera ilusión a Ata. Había mucha animación por la calle y todo eso, lo típico para la fecha del año de la que hablo. La gente entraba y salía de los comercios a raudales. Todo el mundo cargaba con paquetes envueltos con papel de regalo y lazos de colores, ya sabes. Era un hormiguero la calle Colón y la calle Jorge Juan y la calle Lauria. También Ruzafa y Játiva estaban muy concurridas. Pedazos de moqueta roja cubrían las aceras como si fueran alfombras extendidas en el suelo al paso de gente importante. Por todos lados se oían villancicos. Luces y más luces, pequeños árboles de navidad con lazos rojos prendidos en el extremo de sus ramas flanqueaban los escaparates, bolas doradas, espumillón de colores, bolas rojas y plateadas, nieve en spray sobre los cristales, más luces, luces colgando de un lado a otro de las calles. El aire del atardecer era todo una aureola por tanta luz derramada. Villancicos cantados por Boney M., por Bing Crosbi y David Bowie, por Raphael. El aire olía a navidad, dulce navidad.

(De “Conozco un atajo que te levará al infierno”, páginas 101 y 102)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

"El atajo..." en LA TORMENTA EN UN VASO


Amadeo Cobas reseña Conozco un atajo que te llevará al infierno para el blog de crítica literaria "La tormenta en un vaso" (pincha aquí si quieres leerla).

martes, 24 de noviembre de 2009

"El atajo..." en RNE 5


Pepe Cervera (Literatura en Breve)



El escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel ha leído el relato titulado ¿Seguro que estás bien, cariño?, incluido en mi libro Conozco un atajo que te llevará al infierno, en su espacio LITERATURA EN BREVE, que se emite en RNE 5 los Sábados a las 16.30, y de nuevo a las 22.05, y los Domingos a las 11.05, y de nuevo a las 22.05 horas.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Banda sonora (III)


...

Ahora me encuentro en el cuarto de baño y estoy que me caigo de sueño. Acabo de lavarme la cara y cepillarme los dientes. Mientras me enjuago la boca estudio mis ojeras y la superficie blanquecina de mi lengua en el espejo. No consigo quitarme de encima la sensación de estar perdiendo el tiempo. Extraigo una pequeña pelusa del orificio de mi ombligo. Dejo el albornoz sobre la tapa del inodoro, me meto en la bañera y meo largamente antes de ducharme. Necesito hacer algo. Es el momento de cambiar de dirección. Vuelvo a mi cuarto y me visto sin prisa. Son las diez. Lío un porro para fumarlo de camino al instituto y salgo de casa silbando débilmente "Let's Espend the Night Together", pero no la versión de los Rolling, sino la que incluye David Bowie en "Aladdin Sane".

(De “Conozco un atajo que te levará al infierno”, página 62)

sábado, 21 de noviembre de 2009

jueves, 19 de noviembre de 2009

Entrevista en LEER GRATIS.COM

Marcelo Ferrando me ha entrevistado para leergratis.com.

Puedes curiosear la entrevista pinchando aquí.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Conozco un atajo... por Vicente Gallego

Cuando conocí a Pepe Cervera, unos tiempos en que el ilustre poeta valenciano Juan Pablo Zapater peinaba bucles de princesa y Carlos Marzal, otro ilustre poeta valenciano, escribía poemas con rima; unos tiempos aquellos en los que el que os habla ahora llevaba corbatas… Como iba diciendo, cuando conocí a Pepe Cervera, unos tiempos en que parecía estar de moda ser poeta en Valencia, Pepe Cervera no era aún este tipo cruel que veis aquí, este desaprensivo, este preclaro entomólogo del animal humano, este canalla: el tío de la lupa. Pepe Cervera era un poeta, un hombre inclinado a músicas sutiles y versos de entonación suave. Pepe me resultó simpático desde el primer día, porque era alguien tan como todos los demás, dejando aparte sus veleidades líricas, que uno sentía que estando con él se encontraba casi a solas consigo mismo. Pero la vida siempre hace de las suyas, y no sabremos nunca qué secreta catástrofe amorosa, qué hipertrofia de la vista, qué disfunción eréctil, lo han llevado a ver la vida, y a escribirla, tal y como hoy la ve y escribe. Uno estaría tentado de decirle: “¡Pepe, hombre, la vida no es precisamente un desayuno entre santas madres teresianas, pero tampoco es para tanto!”. Y uno se lo diría tras leer su libro de cuentos Conozco un atajo que te llevará al infierno, si no fuera porque la lectura misma, que por una parte arrastra al lector por los peores abrojos y espinos de la condición humana, por la otra tiene la virtud de curarle las heridas y de ponerle la venda blanca. Este es el milagro de la literatura, ya lo supieron los griegos, siempre tan sapientes, y lo llamaron con nombre de gran puta de lujo alejandrina: la Catarsis.
Pepe es narrador como Mike Thyson fue púgil: no son dos artistas a los que les seduzca el bailoteo, la finta y el adorno; lo suyo es el golpe seco a los hígados y a otra cosa mariposa. Pepe nos pone los puntos y aparte a sus lectores como el gigante negro hacía que se los pusieran de sutura a los desafortunados rostros de sus rivales. La sociedad de autores le habría podido conceder con toda justicia, si lo hubiese, el premio en ahorro de adjetivos a este libro de cuentos, a este ajuste de cuentas con las dimensiones más crudas de la realidad. No es éste lo que se suele decirse un libro bonito y, sin embargo, es un libro muy hermoso. Y lo es, sobre todo, porque aquí los monstruos, esos que acechan en el interior de todo buen ciudadano, campan por sus respetos sin que nadie les levante un dedo moral reprobatorio. Niños verdugos inocentes de hombres y de gatos; pringaos por un llévame allá el paquetito de farlopa que no pasa nada y sale muy a cuenta; madres con la cabeza perdida; padres con el humor de Satanás; hijos huyendo de su madre la loca y de su padre el terrible, terribles ellos mismos en su haber mamado matarratas y cuchillas de afeitar: una nueva parada de los monstruos, como decíamos. Pepe saca su lupa y nos agiganta los perfiles de nuestras miserias sin hacernos el feo. Con delicadeza, nos hace ver que no siempre somos delicados, y que no lo somos ni siquiera con nosotros mismos. ¿Cómo podríamos hallar la paz en nuestro interior si dos palmos más allá de nuestra frente nos amenaza el mundo de los otros? Y este mundo está lleno de esa gente, o así al menos lo sienten los personajes de este libro, dispuesta a buscar su felicidad a costa de la del prójimo. No es difícil adivinar el resultado de tal actitud. Un mundo de hienas que ríen amargamente mientras desgarran los frágiles tendones de la caridad y mastican el hueso de su propio asco. No hay aquí ni siquiera ganadores; todos pierden incluso cuando creen ganar, porque la ganancia verdadera poco tiene que ver con el hecho de que consigamos salirnos con la nuestra.
Pepe ha escrito un libro de gran economista de la palabra: no es que se las ahorre, no, puesto que no se muerde nunca la lengua y es siempre además preciso en su lenguaje; lo que ocurre es que no ha quemado una carcasa en falso, no gusta del subrayado ni de sacar la consecuencia, lo cual deja bien a la vista del lector lo que en sus silencios se hace del todo consecuente. Éste es un puñado de cuentos brillantes sin ningún brillo postizo, crueles sin buscar la crueldad, hondos tras su apariencia epidérmica. Si pudiéramos medirlos en kilovatios, diríamos que el lector, desde la primera de sus descargas, no podrá ya despegarse del valladar electrificado al que se trepó sin saber dónde se agarraba, porque estos relatos te cogen desde la primera página y no te sueltan hasta tenerte asado por completo. Si pudiéramos medirlos con la medida con que se mide el vapor, que Dios quizá la sepa, pero que yo ahora mismo ignoro, pues ni siquiera estoy seguro, ahora que lo pienso, de que la electricidad se mida en kilovatios, ustedes sabrán disculpar mi candidez científica; en fin, si pudiéramos medirlos en atención a lo que en ellos se condensa, bastaría una palabra: soledad, esa licuefacción del alma -y ya ven que ese día sí asistí a la clase de física- cuya secreción atribulada se va calentando más tarde para elevarse como una nube de desamparo. Y sin embargo, hay algo sobrio en esta soledad terráquea y planetaria, hay una aceptación sin más de lo que semeja no poder pintar de manera diferente: la vida, nuestro modo de batirnos con ella y tolerar que siempre nos revuelque y nos ponga a cuatro patas. Uno estaría, sí, tentado de decirle a su buen amigo que tampoco es para tanto, que relea los veinte poemas de amor de Pablo Neruda; que vuelva a ver esa gran película navideña: Qué bello es vivir, o aunque sólo sea Mary Poppins; que hable con el cura de su pueblo; que pruebe con el Ciales si no le probó el Viagra… Pero lo cierto es que la vida es tal y como él la ve a través de estos relatos, porque estos cuentos enconados crean su mundo propio, su realidad, y en ella todo es tan real como aquí mismo, aunque no todos por aquí sean tan cabrones como los jíbaros que transitan por su libro. Tampoco Celine, del que lo creo devoto, ni Bukovski, al que lo sé afecto, ni tantas otras grandes vacas sagradas de la literatura, dieron en cantar los espejismos del amor ni entonaron la alabanza del siglo que desde siempre nos baquetea. A un escritor hay que exigirle que cree un mundo, que apadrine un espacio real donde la gente respire con verdad, por más que esa verdad venga cargada de efluvios tóxicos. Se respira aquí el gas de la desesperanza y el desespero; pero como Pepe, por mucho que se haya esforzado en ocultarlo, sigue siendo el poeta que siempre fue, el lector, tras haber sido sacado a pasear por el monte del calvario, regresará a su casa con la extraña impresión de haber contemplado la belleza bajo la más violenta y roja de sus especies.
Hemos de agradecerle a Pepe todos los buenos lectores esa mala baba que se gasta, la baba del diablo, porque a un escritor no se lo mide, como a un santo, por la calidez de su mirada redentora hacia lo humano, demasiado humano, parece él sugerirnos, sino por la temperatura extrema en que arden sus palabras. Acercaos, pues, amigos, a su parrilla, y arded a gusto en buena hora.

Texto con el que el escritor Vicente Gallego presentó el día 17 de noviembre de 2009 mi Conozco un atajo que te llevará al infierno.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Conozco un atajo que te llevará al infierno en "Cierta distancia"

El escritor Miguel Sanfeliu, autor del excelente libro de relatos Anónimos, ha publicado en su bitácora, Cierta distancia, una reseña sobre mi libro Conozco un atajo que te llevará al infierno.