lunes, 5 de octubre de 2009

lunes, 7 de septiembre de 2009

Coldplay - The Sunday Drivers

Como no sólo de libros y cine vive el hombre, el viernes pasado me trasladé a Barcelona para presenciar la actuación de “Coldplay”. Chris Martin y compañía se esforzaron por cumplir con las más de 63.000 personas que alfombraban el estadio olímpico de Barcelona, sin embargo los numerosos fallos en el sonido no permitieron redondear un concierto que la banda grabó con el propósito de publicar un DVD. Al público se le veía entregado, lo coreaba todo, pero muchos de los asistentes no pudieron dejar de mostrar su enfado a base de silbidos y gritos de “no se oye” en algunos momentos de la actuación. Pero seamos benévolos: la cara de Chris Martin durante el primer tema cuando su voz se perdió en la nada era un poema, o sea, que no se le puede presumir ninguna mala intención. Fue una pena. Quizás a la próxima.
Me llevé una formidable sorpresa cuando a eso de las siete de la tarde se desplegó al fondo del escenario una pancarta en la que podía leerse “The Sunday Drivers”. Sin esperarlo pude de paso escuchar el directo de la banda toledana, una de las que más me han hecho disfrutar en los últimos tiempos.

Y como colofón a un atractivo fin de semana, volví a callejear por Barcelona, una ciudad en la que tuve mi morada durante los años 1996, 1997 y parte de 1998, y que sigue cautivándome desde entonces. ¡Qué recuerdos, madre mía, qué recuerdos!


lunes, 31 de agosto de 2009

Anticristo - Lars Von Trier


Puedo asegurar que me dispuse a ver la última creación de Lars Von Trier libre de prejuicios. Era consciente de que la enorme cantidad de referencias sobre la película a que cualquiera tiene acceso podía contaminar mis impresiones. No hice caso, pues, a los que la tachan de pornografía ni a los que la califican como cine gore y tampoco a los que la definen como disparate o como genialidad. Estaba convencido de que si el director danés echaba mano de imágenes explícitamente sexuales o violentas o sangrientas, estarían más que justificadas. Su interesante filmografía anterior era aval suficiente para atraerme con ésta. Ingenuo de mí, estaba equivocado. Opino que como película sin más pretensión que la de narrar una historia Anticristo es un trabajo fallido. El discurso con que el autor pretende transmitir la información es excesivamente sencillo, y si bien esa sencillez, en obras anteriores como Dogville —donde de una forma certera se muestra una sociedad casi endogámica que se ve amenazada por la aparición de una forastera, y el estoicismo se presenta como uno de los puntos de llegada hacia el que tiende el individuo— constituía una virtud, ahora supone un trayecto hacia el sinsentido, hacia la nada. El argumento resulta deslavazado, los diálogos flojos y artificiales, los actores nada creíbles, la hueca personalidad de los personajes no se adivina por la acción dramática necesaria para que el espectador acceda a su mundo interior, sino simplemente por lo que dicen sin que el público sepa a quien se dirigen, si al compañero de reparto, a la cámara, al vacío... como si se nos estuviera facilitando una información de forma desganada y mecánica. En ningún momento de la película he sentido la mínima necesidad de desentrañar el conflicto planteado. He estado los tres o cuatro días siguientes a verla intentando reflexionar sobre ella como una obra de arte, esforzándome para encontrar el propósito de Lars Von Trier, para entender su lenguaje. También había leído que se trata de una película a la que hay que darle tiempo, dejar que toda esa efervescencia levantada en un primer momento se aquiete. Ni así. A través de la información que un autor facilita el arte debe conectar con el individuo, ya sea conscientemente, al distinguirse una relación lógica y natural de la obra con las experiencias del espectador, ya sea subconscientemente, a través de nuestras sensaciones más primitivas relacionadas con los recuerdos o sensaciones que ni siquiera nos atrevemos a reconocer. Sin embargo el director de Anticristo no consigue contagiar la tristeza de sus personajes, ni transmitir su dolor, ni mucho menos que nos solidaricemos con su desesperanza. Pienso en la amputación de ombligo o en el acto de canibalismo que se nos ofrece en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, la muerte de dos niñas por atropello en 21 gramos o el asesinato de un niño en Funny games; todas ellas escenas cargadas de brutalidad pero tan exquisitamente contextualizadas que el espectador las asimila y las sufre junto con los personajes de las películas citadas. No ocurre así con las escenas que la crítica ha venido a resaltar aquí como “cumbre”, ya que en Anticristo éstas parecen introducidas con calzador y llevan no tanto ni siquiera a la repulsión como a la indiferencia. Eso es lo que creo, indiferencia, como el resto de las imágenes que en esta desafortunada ocasión ha creado el director de Anticine, ay, perdón, Anticristo.

viernes, 28 de agosto de 2009

Wyoming - Annie Proulx

En una entrada anterior ya me declaraba adicto a la obra de Annie Proulx y enumeraba las dos colecciones de relatos, Bad dirt: Wyoming stories 2 (2004) y Fine just the way it is: Wyoming stories 3 (2008), que la autora había publicado desde que en España se tradujera En terreno vedado: historias de Wyoming, suspirando por que algún editor se decidiera a seguir traduciendo sus libros al castellano. Pues bien, celebro que la editorial Lumen anuncie para el próximo uno de octubre la salida al mercado español de un volumen de cuentos titulado Wyoming, en el que según parece se han reunido todas las historias que Annie Proulx ha ambientado en dicho territorio. Buena noticia para los aficionados a la buena narrativa breve y para los aficionadas a la buena narrativa sin más. Lo espero con ganas.

viernes, 21 de agosto de 2009

¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura independiente?

La semana de la Edición y la Literatura Independiente (SELÍN) se celebrará en la localidad de Blanca (Región de Murcia) entre los días 28 de septiembre y 4 de octubre de 2009, según me informa Alfonso García-Villalba, coorganizador de la misma.

Los objetivos principales de dicho encuentro son los siguientes:

Crear un foro de encuentro y debate donde la edición y la literatura independientes encuentren el protagonismo necesario para dar a conocer su labor en la industria del libro mediante actividades informativas y divulgativas que pongan en valor su oferta e iniciativas.

La participación activa de la sociedad en las diferentes actividades programadas en la SELIN, de forma que se propicie una cultura popular y democrática en la que sea posible el debate, la lectura y la interacción con el fin de potenciar la convivencia basada en la sociedad del conocimiento.

La promoción tanto de la literatura y la edición independientes como de la lectura entre los ciudadanos.

El impulso de la sociedad del conocimiento con la intención de crear un espacio donde la cultura genere riqueza en los ciudadanos.

La consolidación de Blanca como un referente nacional en el campo de la literatura y la edición independiente situando la localidad en primer plano como espacio de la difusión de la cultura y, en especial, del libro, y mostrar sus atractivos para promocionar el turismo.

Presentar, promover e intercambiar, ideas, iniciativas y proyectos entre los agentes del sector para fortalecer la edición independiente ante los desafíos del mercado y los avances tecnológicos

Presentación y promoción de nuevas propuestas editoriales, así como de nuevos escritores y obras originales o reeditadas con especial atención a los escritores de la Región de Murcia.

Entre las 21 editoriales independientes de toda España que han confirmado su asistencia, se encuentran Lengua de Trapo, Siruela, Maeva, Páginas de Espuma, Rey Lear, Menoscuarto, Ediciones del Viento, Tropo, Escalera, Salto de Página, Errata Naturae, Machado Editores, Candaya, Alpha Decay, 27 Letras, Artemisa, El Olivo Azul y Ya lo dijo Casimiro Parker, además de las editoriales de la Región de Murcia organizadas en el Gremio de Editores: Alfaqueque, Nausicaa, Gollarín, Tres Fronteras, CENDEAC, Ahora, Ediciones de Bibliofilia, Azarbe, Corbalán, Diego Marín Editor, Fajardo el Bravo, Editum, Natursport y Laborum.

Desde aquí les deseo lo mejor a los organizadores y participantes en dicho evento. Vaya por delante que considero necesarios encuentros de este tipo, ya que desde los grandes grupos de comunicación, que en definitiva son los que proporcionan escaparate a cualquier actividad, cultural o no, se presta escasa atención a editoriales, libros y escritores que por razones obvias permanecen en el extrarradio de la media docena de las editoriales punteras que existen en España.

Sin embargo, después de leer el breve dossier que se me ha remitido, en el que se describen las actividades organizadas, los contenidos, objetivos y entidades participantes, he recuperado unas cuestiones que me inspiran curiosidad desde hace algún tiempo: ¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura independiente? ¿de poca tirada por edición? ¿de una deficiente distribución? ¿de pocas ventas? ¿Qué significa independiente? Si independiente es no depender de otro ¿Anagrama es independiente? ¿y Tusquets? ¿y Planeta? Si un libro publicado por Anagrama vende 1.000 ejemplares ¿es independiente? Y si un libro publicado por Páginas de espuma o Candaya vende 50.000 ejemplares ¿es dependiente? ¿Dónde se encuentra la linde que separa unos de otros? La sensación que percibo a menudo es que cuando alguien se declara independiente se está alineando contra los que considera dependientes; pero ¿dependientes de qué, de quién? Me da la impresión de que el término independiente se viene utilizando en exceso como marchamo de calidad. Y una de las verdades pero de las buenas que existen en mi opinión es que la calidad de una obra sí es independiente del cauce que se utilice para darla a conocer. En fin, son cosas que se me ocurren, y sinceramente, me gustaría que estas preguntas encontraran respuesta en alguno de los debates o mesa redonda que se van a organizar en SELÍN; no estaría mal, no.

viernes, 24 de julio de 2009

Conozco un atajo que te llevará al infierno


La editorial malagueña e.d.a. en su colección de narrativa Los días terrestres, acaba de publicar mi segundo libro titulado "Conozco un atajo que te llevará al infierno", en el que se han recogido 18 relatos entre los que se cuentan Verdugos, Verdugos II, De donde es invierno, Como un hombre que sobrevuela el mar, Cómo va a ser lo mismo, (pincha sobre el título para leerlos a modo de adelanto).
Me dice el amigo Paco Torres, a cargo de la edición, que estará en las librerías a partir de septiembre.

viernes, 26 de junio de 2009

La maravillosa vida breve de Óscar Wao – Junot Díaz

Desde que hace años leí el estupendo volumen de relatos Los boys —publicado por la editorial Mondadori en 1996—, Junot Díaz se convirtió en uno de esos autores a los que me gusta seguir la pista, saber más de él como creador, leer todo lo que publica. Once años — ¡once, más de una década! — he tenido que esperar. Dice Junot Díaz que tener una idea es como tener un dibujo de una casa. Tú tienes el plano ahí, el resto lo tienes que construir. Algunos te lo pueden hacer de una sola vez, hay escritores que en seis meses escriben una novela. Pero para mí eso fue una casa muy, muy difícil, porque quería tener todas esas voces, quería tener la historia de Trujillo, quería tener esa mezcla de los idiomas, quería escribir una novela que cuando uno la empieza a leer crea que es un cuento de la masculinidad dominicana. De veras es una historia de las mujeres de esta familia. Quería hacer todas estas cosas que son muy complicadas, para mí fueron complicadas y que me interesaban. Por eso yo duré tantos años. Quería esa estructura que a mí me pareció interesante, pero también era una cosa medio complicada. Por eso necesitaba todos estos años. Once años —ya digo— he tenido que esperar para volver a leerle, bueno, en realidad alguno más porque lo he leído en la edición económica que ha sacado DEBOLSILLO, pero reconozco que ha valido la pena. Entre medias tengo entendido que el autor ha ido publicando algunos relatos en revistas norteamericanas, como los tres que Daniel Gascón ha traducido y la editorial Alfabia ha publicado dentro de su colección Cuadernos.

Al principio encontré en Óscar Wao algunos paralelismos con Ignatius J. Reilly, el gordo y fofo protagonista de La conjura de los necios, sin embargo así de primeras recuerdo que éste era más insolente y temerario mientras que aquel vive martirizado por su aspecto físico y su incapacidad para adaptarse al mundo en el que vive. Óscar Wao no era uno de esos dominicanos de quienes todo el mundo anda hablando, no era ningún jonronero ni fly bachatero, ni un playboy con un millón de conquistas. Óscar Wao es un perdedor. Óscar Wao quiere pero no puede, ha tirado la toalla. Es un gordo monstruoso y cohibido que únicamente encuentra refugio en la literatura de género —pretende convertirse en el Tolkien dominicano— en los comics —Watchmen, uno de sus tres libros favoritos— y en las fantasías que él mismo maquina cada vez que una mujer lo enamora. Tal y como se nos cuenta, su historia va y viene en el tiempo, remontándose incluso hasta la época de su abuelo materno, contemporáneo del dictador Trujillo, cuyas macabras atrocidades también salpican las páginas del libro. La mirada que Junot Díaz proyecta sobre el protagonista llega a resultar aséptica hasta un punto en que el lector encuentra al personaje un tanto repulsivo, aunque cuando el narrador aparece avanzada la historia como un personaje más, novio de la hermana de Óscar, el enfoque se invierte para favorecer una visión más tierna que nos obliga a compadecernos de él, a comprenderlo, a desear que su vida cambie para mejor. Opino que la falta de emoción advertida en un primer momento viene calculada al milímetro, ya que la considero necesaria para darle a esa parte inicial de la novela una atmósfera que contribuye a la credibilidad de la historia, de la misma forma que posteriormente el autor nos empuja para que acabemos tomándole cariño al personaje.

Llamativa también he encontrado la jerga utilizada por Junot Díaz. No sé si se encuadra dentro de lo denominado spanglish, pero el efecto conseguido es sorprendente, en absoluto la considero un lastre. Enfrentarse al original de esta novela para traducirla debe haber supuesto un trabajo imponderable. En una entrevista he leído que incluso el propio autor colaboró con Achy Obejas, responsable de la versión castellana. Ahí va una muestra:

¿qué bróder viejevo no ha intentado regenerarse con la alquimia de una chocha joven? Y si lo que ella le contaba a menudo a su hija era cierto, entonces Beli tenía una de las cucas más finas del mundo. Solo el istmo sexy de su cintura podía lanzar mil yolas al mar, y mientras los muchachos de clase alta podían tener sus quejas de ella, El Gángster era un hombre de mundo, había singao con más prietas de las que podía contar. A él no le importaba nada de esa vaina. Lo que quería era chupar los pechos enormes de Beli, metérselo en el toto hasta dejárselo como un pantano de jugo de mango…

A mí me ha gustado y mucho este libro escrito no para leerlo sino para bailarlo a ritmo de bachata o merengue o lo que sea que esas mulatas hermosas y redondas de piel lustrosa bailan en las playas del caribe cubiertas con bikinis de hilo dental. Un libro interesante y divertido que me reafirma en la necesidad de seguir leyendo todo lo que publique su autor, Junot —léase Yunó— Díaz.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Anónimos – Miguel Sanfeliu

Miguel Sanfeliu (Santa Cruz de Tenerife, 1962), es administrador de uno de los blogs más interesantes que frecuento, CIERTA DISTANCIA.
Anónimos ha sido publicado por la editorial Traspiés en su colección de libros ilustrados Vagamundos. Las ilustraciones incluidas en la presenta edición pertenecen al autor de los textos.

Tan pronto el lector se introduce en las páginas iniciales de Solo —el primero de los cuatro cuentos agrupados en este libro— se ve arrastrado por una fuerza centrípeta, forzado a seguir la trayectoria de una narración que avanza sobre un camino circular. A medida que iba leyendo el relato vislumbraba que en cualquier momento la historia iba a regresar al principio, pero no esperaba la sorpresa final que con tanto ingenio el autor lo liquida. Miguel Sanfeliu ha jugado a confundirnos. Presenta un personaje —dibujante de historietas— tan obsesivamente entregado a su trabajo que hasta él mismo pasa a formar parte de la ficción que maneja, aunque rápidamente nos surge la duda entre invención y realidad. Se nos presentan varios mundos paralelos, una historia que como muñecas rusas en su interior alberga una nueva historia, y ésta a su vez a otra. Y el lector se sumerge en todas ellas sin saber cual de todas prevalecerá. De idéntica manera crea el autor dos mundos en el último relato, Renacer, en el que se cuenta el conflicto de identidades surgido entre dos hermanos gemelos, por otra parte nada fuera de lo común si salvamos la fantasía de que uno de ellos jamás ha llegado a nacer.

El tono absorbente del primer cuento se prolonga hasta el siguiente, titulado como el conjunto, Anónimos, donde un periodista que está recibiendo mensajes en los que se le amenaza de muerte consigue sobreponerse a la angustia inicial y decide pasar al ataque, “pasar de víctima a verdugo”, y empieza a testimoniar en sus artículos la situación opresiva en que se encuentra inmerso, lo que conlleva, contrariamente al resultado esperado por el protagonista, un recrudecimiento de las amenazas y una situación final —que no voy a desvelar— que obliga a nuestro héroe a capitular, entregándose no a su propio destino, sino al destino que imponga el autor de las amenazas, a la fortuna que seguro acabará sonriendo a su enemigo en el momento de acertar con la bala que le dedique.

No puedo manifestar ninguna preferencia hacia alguno de estos cuatro cuentos porque los cuatro —incluso El campeón de Arequipa que en principio se presenta como el menos fantástico del volumen, pero rápidamente adquiere tintes épicos y por lo tanto, como toda hazaña heroica, también acaba adornado con trazas de idealismo— alcanzan cotas elevadas de calidad. Algunas de las muchas bondades del libro se corresponden con su atmósfera opresiva, casi angustiosa, diseñada hábilmente, y cuyos cimientos se encuentran tanto en los argumentos de las historias como en el ritmo vertiginoso que el autor imprime. Miguel Sanfeliu demuestra con este debut literario que es un escritor concienzudo y diestro. Sabe hacia dónde debe encaminarse, adónde quiere llegar. En el breve texto que abre el libro a modo de prólogo el autor afirma haber “encontrado en la literatura la vía de escape que necesitaba para huir de la realidad, para seguir adelante”. Sus relatos devienen —demostrado queda— en un excelente método para la evasión, las historias que nos cuenta lo consiguen; respecto a lo segundo, a lo de “seguir adelante”, que siga, que siga, aquí lo espero, a este lado de los libros, del lado de los lectores que no se conforman sólo con cuatro cuentos, del lado de los que se han quedado con la miel en los labios, con ganas de más, mucho más, esperando sus próximas historias.

martes, 12 de mayo de 2009

miércoles, 22 de abril de 2009

Quédate donde estás – Miguel Ángel Muñoz

Yo también quiero ser escritor, así, como lo oyen, escritor pero Miguel Ángel Muñoz. Ser escritor a tiempo completo, me refiero, porque no existe la posibilidad de serlo de otra manera, o se es a través de todos los poros de la piel o no se es, no valen las medias tintas, los a tiempo parcial ni los a ratos libres. Bukowski lo dejó dicho, creo que fue él: escribir no es cuestión de horas, no es cuestión de tiempo, es cuestión de escribir, sin más, de necesitar hacerlo, una forma de vida, lo demás no importa. Pues bien, si para ser escritor se me ha de incluir en el Proyecto octopus e implantarme seis brazos me los implanto, porque quiero ser escritor, ya digo, prefiero como el protagonista de “Ácaros” padecer una alergia de caballo que desprenderme de mis libros de Cheever, Chéjov y Carver. Antes la tortura de la disnea y los ojos legañosos. O sea, escritor pero Miguel Ángel Muñoz, decía, ser capaz de escribir relatos como “Quédate donde estás” —hermosa declaración de lealtad—, como “Vitruvio”, o como “El reino químico” —uno de mis preferidos—, pero sobre todo como “Vaivén” y “Hacer feliz a Franz”, esos dos homenajes exquisitos, precisos, entrañables, que el autor de esta colección de cuentos recientemente publicada por la editorial madrileña Páginas de espuma dedica a algunos de sus maestros, que también son los míos, vaya —Raymond Carver, Richard Ford, Franz Kafka—, esa celebración de la literatura, de la narrativa, sea larga o corta, qué importa, literatura, sin aditivos, no los necesita. El libro me ha dejado la impresión de que Miguel Ángel Muñoz ha trabajado con el propósito de sortear el laconismo que caracteriza a esos escritores con los que suele emparentársele. Si ha sido así opino que el autor almeriense ha acertado la trayectoria, ya que su escritura ha ganado en enjundia respecto a su anterior libro, “El síndrome Chéjov” (Páginas de espuma, 2006). Ahora se relame en el enunciado largo, el párrafo abundante, la escasez de diálogos, el juego de ir y venir en el tiempo en apenas tres frases. Alterna de forma hábilmente pautada momentos culminantes, rápidos y vertiginosos, con párrafos en los que la historia se remansa, para que respiremos, quiero pensar, para recuperar el resuello. Aprieta pero no ahoga, es benévolo, Miguel Ángel Muñoz. El libro parece diseñado para afrontar las empinadas cuestas narrativas con la energía que nos ha proporcionado el acentuado descenso que a cada una precede. Subir y bajar, subir y bajar, sin descanso. No da tregua, el autor, pero tampoco la queremos. Así, tan complicado es el placer que algunas veces, demasiadas, se consigue con mucho esfuerzo. Al igual que en “Quédate donde estás” —cuarto de los trece relatos y el que cede título al volumen— los médicos luchan en busca de la horrorosa fuente del mal que sufre Julia, la protagonista, y también lucha Cati, su madre, y su hermano Cristo, y lucha Julio que está dispuesto a inmolarse y dejar escapar su más ansiado sueño a cambio de un amor que ya ni siquiera es amor, “a su lado, besándola como un chamán que busca extraer el dolor”, imagino a Miguel Ángel Muñoz insistiendo cuento tras cuento para evitar que se cuele en sus historias la más mínima reminiscencia de las voces oídas, de las deudas literarias que él mismo reconoce y que de todas formas no pierde tiempo en ocultar. Una voz propia: ese es en definitiva uno de los atributos que cualquier escritor aspira conseguir; el giro estilístico, el detalle invisible que lo distinga, y hacía allí se dirige Miguel Ángel Muñoz, cuentista inteligente con un vasto bagaje literario, un criterio minucioso que administra en cada uno de sus relatos y del que se beneficiará todo aquel que se acerque a las historias que componen este muy recomendable “Quédate donde estás”. Por eso, decía al principio, yo también quiero ser escritor. Escritor pero Miguel Ángel Muñoz.