martes, 30 de noviembre de 2010

Perversiones. Breve Catálogo de Parafilias Ilustradas

La editorial Granadina Traspiés, en su colección Vagamundos de libros ilustrados, publica Perversiones. Breve Catálogo de Parafilias Ilustradas, un volumen colectivo en el que se incluye uno de mis relatos.
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Puede consultarse información sobre el proyecto pinchando aquí y aquí.
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La lista de escritores e ilustradores recogidos en PERVERSIONES es la siguiente:

Andrés Portillo, Rafael Linero, Raúlo Cáceres, Ángel Olgoso, Antonio Dafos, Isabel González González, Manuel Moyano, Quim Pérez, Jorge Fornés, Vicente Muñoz Álvarez, Hugo Rg [pobreartista], Joaquín Torres, U! a.k.a Uriel A. Durán, Ginés Cutillas, Miguel Sanfeliu, Fusa Díaz, Cristina de Cos, Fco. Javier Pérez, Pablo E. Soto, Hugo García, Marina Guiu, David González, Pablo Gallo, Carlos Vitale, Manuel Rebollar, Ana Ayuso Verde, Isabelle López, Francisco Naranjo, Alejandro Santos, Rubén Little Nemo, Marina Baizán, Hilario J. Rodríguez, Elvis Gato, Juan Jacinto Muñoz Rengel, José Ángel Barrueco, Isabel Wagemann, David Guirao, Joan Ripollès Iranzo, El Bute, Eva Díaz Riobello, Salvador Moreno Valencia, Popá, Elías Moro, Martín Pardo, Carlos Manzano, Kikus, Nacho Cagiga, Felisa Moreno Ortega, Andrés Neuman, Juan Gonzalo Lerma, Manu Espada, Joaquín López, M. A. Cáliz, Pepe Cervera, Rita Vicencio, María Simó, José Ángel Cilleruelo, José Abad, Amanda Manara, Miguel Ángel Zapata, Federico Villalobos, José Cruz Cabrerizo, Esteban Gutiérrez Gómez, Oscar Esquivias, Pablo Ruiz, Carola Aikin, Raúl Brasca.

lunes, 22 de noviembre de 2010

"Premonición" por Miguel Sanfeliu

Buenas tardes y bienvenidos a la presentación del libro “Premonición”, del escritor valenciano Pepe Cervera. Es para mí un placer tener la oportunidad de acompañar a Pepe en este acto.

“Premonición” ha sido editado por Paréntesis Editorial y es el tercer libro que publica Cervera tras “Conozco un atajo que te llevará al infierno”, editado por E.D.A. y “El tacto de un billete falso”, que obtuvo el XVI Premio Alhóndiga de narrativa breve en 2005, de los Premios Otoño Villa de Chiva, editorial Denes.

Los tres son libros de cuentos. Cervera es un escritor que se siente cómodo en las distancias cortas y a quien le interesa el género del relato por encima de cualquier otro.

No es fácil escribir un buen cuento, todo tiene que encajar de un modo preciso para que no se desmorone y consiga alcanzar su objetivo. Augusto Monterroso decía que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista, y al segundo cuento se le nota que sabe, y entonces todo suena falso y aburrido y fullero. Hay que ser muy sabio para no dejarse tentar por el saber y la seguridad.

Cervera es capaz de esconderse detrás de la historia. Sus relatos tienen una entidad propia que va más allá de la mera palabra, que abarca más espacio que las breves páginas que lo contienen. Sus personajes resultan reales, creíbles, y nos habla de cosas muy concretas, nos habla de soledad, de abandono, de pérdidas, de dolor, de fracaso... Las historias de Cervera se internan en esa otra cara del mundo, la de los perdedores, y lo hace con una mirada tangencial, guardando las distancias, aceptando las cosas tal como vienen, sin cuestionarlas y con el máximo respeto. Sus historias encierran secretos enigmas, como la vida, y la cuestión no es ya cómo resolverlos sino cómo identificarlos.

Cuando la intención de un cuento es golpearnos en el estómago, no existe un impacto comparable y, como lectores, quedamos realmente noqueados.

Cervera es, en este sentido, lo que podríamos llamar un escritor pugilístico, nada complaciente con el lector. No encontramos en su mundo moralinas ni falsas esperanzas. La vida puede ser dura, tener un lado amargo, y sus personajes lo saben bien.

Chéjov decía; No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo. Cervera no cae en este error. No justifica, no valora, no cuestiona la actitud de sus personajes, tan sólo los observa y nos cuenta su historia de un modo directo y contundente.

La distancia de la voz narradora resulta muy eficaz y convierten la lectura en una experiencia fluida y muy visual.

Las influencias de Pepe Cervera son mayormente norteamericanas. En su narrativa encontramos ecos de Cheever, de Hemingway, de Tobias Wolff, de Fante, de Carver, de Alistair McLeod, de Sherwood Anderson... Los escritores norteamericanos han impulsado la evolución del cuento, son maestros indiscutibles del cuento moderno, el que no recurre a la sorpresa, a los trucos y fuegos artificiales para epatar al lector, sino que se centra en la vida cotidiana, focaliza su atención en un momento acotado, mínimo y se nutre de la infelicidad que subsiste debajo de una sociedad en la que parece que todo el mundo está obligado a ser feliz. Esa sociedad de la felicidad, de la opulencia, encierra dramas, miserias, obsesiones ocultas y acechantes.

Cervera proviene de Yoknapatawpha, el lugar imaginario de Faulkner, pero reside en Alhofra, el lugar imaginario en el que se desarrollan sus historias.
Encontraremos en estos relatos un momento en la vida de unos personajes, un momento significativo capaz de encerrar un drama de mayores dimensiones, un instante congelado en el tiempo que contiene bien el germen o bien los restos de una tragedia. Uno de los temas recurrentes en los relatos de Cervera son las relaciones familiares, como un núcleo en el que defenderse del exterior y, a su vez, como centro de tensiones y conflictos.
Una familia que ha sido desahuciada, decidiendo el rumbo que han de tomar sus vidas, en el parking de un centro comercial desierto; la tensa conversación de una pareja de amantes; el fin de una relación representado en la imposibilidad de cocinar unas natillas; un pederasta; una secta; un jubilado intentando hacerse a la idea de que su vida, a partir de ese momento, carece de objetivos, el viaje crucial de un abuelo y un nieto; amistades, encuentros y desencuentros, historias que nos tocan en lo más profundo, narradas con una claridad, con un dominio de los recursos literarios, que convierten la lectura de este libro en una aventura inolvidable, en una experiencia de la que no creo que nadie sea capaz de salir indemne.

Por último, el libro se cierra con el interesante texto “Epílogo: una historia real”, que es una especie de confesión literaria, una memoria familiar con detalles que hemos visto desperdigados en los relatos precedentes, y es el perfecto colofón del conjunto.