El crítico literario, Antonio Garrido, firma en “Cuadernos
del sur”, suplemento del Diario Córdoba, esta opinión sobre “29 cadáveres”.
El relato es aquello que te cuentas a ti mismo en la sala de un dentista mientras esperas que te saquen una muela (John Cheever)
sábado, 11 de mayo de 2013
jueves, 18 de abril de 2013
¿Book trailer?
¿Qué es un book trailer?
No lo sé con seguridad, pero en cualquier caso, ahí va la adaptación cinematográfica de mi libro.
jueves, 11 de abril de 2013
"29 cadáveres" en Madrid
Se puede acceder al reportaje gráfico de la presentación de “29
cadáveres” en Madrid, en el blog de Ernesto Calabuig (aquí). Estuvo bien, el evento,
la verdad; surgió un debate a tres bandas —Ernesto
Calabuig, Fernando Valls, y yo—
alrededor de mi libro, que me pareció interesante. Sin haberlo comentado con
anterioridad, los tres participantes encontramos muchas coincidencias a la hora
de interpretar los cuentos. Creo que fue un acto ameno, en el que todos los
asistentes se encontraron cómodos. Al menos, esa es la impresión que me he traído
a Valencia.
Gracias a todos los que asististeis.
miércoles, 3 de abril de 2013
Cuestionario básico
En su blog "Cierta distancia", mi amigo y escritor Miguel Sanfeliu, lleva entre manos un interesante proyecto que ha bautizado como "cuestionario básico", y en el que ha tenido a bien incluirme.
Pinchando aquí puedes acceder a mis respuestas.
Pinchando aquí puedes acceder a mis respuestas.
jueves, 28 de marzo de 2013
29 cadáveres
La editorial Menoscuarto
publica mi libro “29 cadáveres”, ocho nuevas historias inspiradas
en otros tantos casos reales: John Wayne Gacy, Andrea Yates, Richard Trenton
Chase (el vampiro de Sacramento), Karla Homolka, Paul Bernardo, o Ed Gein (el
carnicero de Plainfield), son algunos de sus protagonistas.
martes, 16 de octubre de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
Proyecto escritorio
Pinchando aquí se accede al texto con el que contribuyo a la interesantísima iniciativa dirigida por el escritor granadino Jesús Ortega.
Él mismo define sus intenciones con estas palabras: "Reúno imágenes y reflexiones a propósito de los espacios de escritura de autores contemporáneos en lengua española. Narradores, poetas y ensayistas participan en el proyecto con un texto breve y una fotografía.
El proyecto tiene dos fases: blog y libro.
¿Cómo se articulan las relaciones entre disposición mental y espacio físico? ¿Cómo se distribuyen los elementos del taller? ¿Qué importancia se otorga al paisaje? Posturas, rituales, fetiches, orden o caos, ruido o silencio, penumbra o luz. Estímulos y dificultades. Intimidad y cocina. Una aproximación a las condiciones materiales y espirituales necesarias para la escritura.
Escritorios mundo, escritorios esfera, escritorios isla, escritorios cabaña, escritorios santuario, escritorios celda.
Escritorios mundo, escritorios esfera, escritorios isla, escritorios cabaña, escritorios santuario, escritorios celda.
En Proyecto Escritorio convergen las poéticas del espacio".
sábado, 18 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
Shiloh en Tropo editores
La editorial zaragozana Tropo ha acertado al rescatar Shiloh, de Bobbie Ann Mason, un magnífico libro de cuentos que cumplirá 30 años por estas fechas y que ya resultaba difícil de encontrar en España. La cubierta con que presentan el libro es hermosa, sí, pero el contenido es absolutamente recomendable.
lunes, 30 de enero de 2012
El repago en la iglesia católica

Una de las soluciones que, desde la clase política, se nos viene planteando últimamente para mantener el estado de bienestar es la aplicación de tasas. Tasas por aquí, tasas por allá; repago de esto y de aquello. Estamos abocados a rascarnos el bolsillo si queremos que nuestros hijos vayan al cole, si nos vemos envueltos en un procedimiento judicial, o si necesitamos asistencia sanitaria. Perfecto, por lo visto toca retratarse. Nuestros políticos están empeñados en ello, y lo malo es que una gran parte de la ciudadanía parece estar conforme, como que lo ve lógico, incluso necesario, durmiendo con su enemigo, oye; de forma que el repago por obtener servicios del estado empieza a dibujarse con bastante claridad en nuestro futuro más inminente.
Para mí, que lo que quieren es hacer con los servicios públicos lo mismo que con el cine, pagarlo con el dinero de todos y después cobrar entrada. Recaudar de una manera rápida. No creo que el repago en la sanidad pública, por ejemplo, sirva para disuadir a quienes hacen uso de ella (soy tan ingenuo que siempre he pensado que quien acude al médico es porque lo necesita). Si fuera tan sencillo como conocer los gastos originados durante una visita médica, para que alguien adquiera conciencia de estar abusando de dicho servicio o disuadirlo de volver a utilizarlo, bastaría con enseñarle a un político la factura del restaurante donde se acaba de meter una mariscada entre pecho y espalda con cargo al gasto de protocolo, para conseguir que en futuras ocasiones se llevara el bocadillo de casa, y no es así, ¿no?
He estado consultando estadísticas que fijan en ocho las veces que cada español acude al médico en un año; y aunque ese dato se confecciona incluyendo servicios que en el resto de Europa se consideran atención primaria, o simplemente un acto administrativo y no sanitario (como puede ser el control de una baja laboral de larga duración), lo daremos por válido, aceptaremos pulpo como animal de compañía. Ocho visitas al año, pues, por 46 millones de habitantes, a un euro cada visita (un euro, un solo euro, pero qué es un euro, no seas rácano, hombre), más o menos, resultan 368 millones de euros. Esa es la cantidad que el estado recaudará anualmente cuando imponga el repago en sanidad: 368 millones de euros.
Se me ocurre que la iglesia católica recibió del gobierno de Zapatero a tus zapatos el año pasado, 10.000 millones de euros en conceptos varios: 249 millones asignados directamente en concepto de IRPF, 80 millones en concepto de "otros fines" de nuestra declaración de renta que se destina a diferentes proyectos de instituciones católicas, 1.000 millones como exención de pago de impuestos como el IBI o el de patrimonio, 4.600 millones en pago de sueldos del profesorado y financiamiento de los centros concertados religiosos, 3.200 millones para financiar hospitales y centros de salud dirigidos por órdenes religiosas, 25 millones para el pago de sueldos de los religiosos que ejercen como capellanes en cárceles y cuarteles (lo sé, lo sé, qué aburridas son las cifras, pero qué objetivas), 500 millones para mantener el patrimonio artístico propiedad de la Iglesia, 290 millones para abonar los gastos de eventos religiosos y asociaciones... 10.000 milloncetes, señoras y señores, sí, el mismo gobierno que durante su primera legislatura advirtió a la conferencia episcopal que debería ir buscando fuentes de ingresos propios, va y en 2011 le suelta 10.000 millones del ala. Pura calderilla, dicen, el chocolate del loro, dicen. El caso es que el 73% de la población española se declara católica, o sea, 33.580.000 habitantes. Muchos me parecen a mí, pero bueno, vale, venga, volvemos a aceptar el pulpo de los cojones, y eso que yo, el pulpo, no puedo verlo ni a la gallega. Si cada católico español abonara 298 euros al año por un servicio al que únicamente encuentran provechoso ellos, y cuando digo ellos me refiero a los fans de Ratzinger Z (qué de recuerdos, oye... acoplamiento... pechos fuera...), se cubrirían esos 10.000 millones de euros, y el estado podría destinarlos a sanidad, por ejemplo, para hacer frente a las necesidades de todos, no católicos y católicos, católicos creyentes y no creyentes, católicos practicantes y no practicantes, católicos creyentes y no practicantes, católicos no creyentes y practicantes, practicantes no practicantes, la empanadilla de Móstoles, oiga (ufff... qué complicación esto de ser católico en España) la santísima trinidad, Bud Spencer y Terence Hill, todos toditos todos.
Ah, y si alguien hace las cuentas (esta es fácil: 10.000 menos 368), coincidirá con que aún sobra un piquito para educación, o para que la justicia siga siendo gratuita en este país de chiripitifláuticos, o para mantener alguna que otra infraestructura pública, y bueno, por qué no, también para pagar los trajes de Forrest Camps, que el pueblo lo que quiere es un presidente bien vestido, y ya puestos, unas cuantas cuantas cuantas mariscadas.
Para mí, que lo que quieren es hacer con los servicios públicos lo mismo que con el cine, pagarlo con el dinero de todos y después cobrar entrada. Recaudar de una manera rápida. No creo que el repago en la sanidad pública, por ejemplo, sirva para disuadir a quienes hacen uso de ella (soy tan ingenuo que siempre he pensado que quien acude al médico es porque lo necesita). Si fuera tan sencillo como conocer los gastos originados durante una visita médica, para que alguien adquiera conciencia de estar abusando de dicho servicio o disuadirlo de volver a utilizarlo, bastaría con enseñarle a un político la factura del restaurante donde se acaba de meter una mariscada entre pecho y espalda con cargo al gasto de protocolo, para conseguir que en futuras ocasiones se llevara el bocadillo de casa, y no es así, ¿no?
He estado consultando estadísticas que fijan en ocho las veces que cada español acude al médico en un año; y aunque ese dato se confecciona incluyendo servicios que en el resto de Europa se consideran atención primaria, o simplemente un acto administrativo y no sanitario (como puede ser el control de una baja laboral de larga duración), lo daremos por válido, aceptaremos pulpo como animal de compañía. Ocho visitas al año, pues, por 46 millones de habitantes, a un euro cada visita (un euro, un solo euro, pero qué es un euro, no seas rácano, hombre), más o menos, resultan 368 millones de euros. Esa es la cantidad que el estado recaudará anualmente cuando imponga el repago en sanidad: 368 millones de euros.
Se me ocurre que la iglesia católica recibió del gobierno de Zapatero a tus zapatos el año pasado, 10.000 millones de euros en conceptos varios: 249 millones asignados directamente en concepto de IRPF, 80 millones en concepto de "otros fines" de nuestra declaración de renta que se destina a diferentes proyectos de instituciones católicas, 1.000 millones como exención de pago de impuestos como el IBI o el de patrimonio, 4.600 millones en pago de sueldos del profesorado y financiamiento de los centros concertados religiosos, 3.200 millones para financiar hospitales y centros de salud dirigidos por órdenes religiosas, 25 millones para el pago de sueldos de los religiosos que ejercen como capellanes en cárceles y cuarteles (lo sé, lo sé, qué aburridas son las cifras, pero qué objetivas), 500 millones para mantener el patrimonio artístico propiedad de la Iglesia, 290 millones para abonar los gastos de eventos religiosos y asociaciones... 10.000 milloncetes, señoras y señores, sí, el mismo gobierno que durante su primera legislatura advirtió a la conferencia episcopal que debería ir buscando fuentes de ingresos propios, va y en 2011 le suelta 10.000 millones del ala. Pura calderilla, dicen, el chocolate del loro, dicen. El caso es que el 73% de la población española se declara católica, o sea, 33.580.000 habitantes. Muchos me parecen a mí, pero bueno, vale, venga, volvemos a aceptar el pulpo de los cojones, y eso que yo, el pulpo, no puedo verlo ni a la gallega. Si cada católico español abonara 298 euros al año por un servicio al que únicamente encuentran provechoso ellos, y cuando digo ellos me refiero a los fans de Ratzinger Z (qué de recuerdos, oye... acoplamiento... pechos fuera...), se cubrirían esos 10.000 millones de euros, y el estado podría destinarlos a sanidad, por ejemplo, para hacer frente a las necesidades de todos, no católicos y católicos, católicos creyentes y no creyentes, católicos practicantes y no practicantes, católicos creyentes y no practicantes, católicos no creyentes y practicantes, practicantes no practicantes, la empanadilla de Móstoles, oiga (ufff... qué complicación esto de ser católico en España) la santísima trinidad, Bud Spencer y Terence Hill, todos toditos todos.Ah, y si alguien hace las cuentas (esta es fácil: 10.000 menos 368), coincidirá con que aún sobra un piquito para educación, o para que la justicia siga siendo gratuita en este país de chiripitifláuticos, o para mantener alguna que otra infraestructura pública, y bueno, por qué no, también para pagar los trajes de Forrest Camps, que el pueblo lo que quiere es un presidente bien vestido, y ya puestos, unas cuantas cuantas cuantas mariscadas.
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