Knut Hamsun (1859-1952) está considerado en la actualidad uno de los escritores fundamentales de la literatura noruega, aunque no estaría de más considerarlo uno de los escritores fundamentales de la literatura en general. Sus libros llevan cincuenta años reeditándose en España por editoriales de tirada importante como Anagrama, Alfaguara, Plaza y Janés, Círculo de lectores, Planeta, Bruguera… pese a lo cual no parece estar llamado a ser un autor conocido; ni siquiera haber sido declarado maestro por autores como Thomas Mann, Maxim Gorki, Henry Miller o Paul Auster, ha conseguido enmendar esta desafortunada situación. Tal vez esta circunstancia se deba al desprecio y aislamiento que sufrió durante años no ya él como hombre sino la totalidad de su obra, y ello debido a la fascinación que mostró por la causa nazi. Por este posicionamiento a favor de Hitler el estado noruego le condenó a pagar una indemnización que supuso su ruina. Quien fuera aclamado como héroe por sus creaciones literarias murió repudiado porque su manera de pensar fue desaprobada y calificada como desleal a la patria. Pero bueno, ahí están sus libros, más de cuarenta, y muchos de ellos convertidos en clásicos.

Una de las cualidades que favorecen el descubrimiento de lo que considero buena literatura es la necesidad que me despierta un libro respecto al siguiente. Tirando de Hambre encontré a John Fante y tirando de Fante a Bukowski, y éste me llevó a Carson MCCullers y sucesivamente a John Cheever, a Salinger, de éste regresé a Twain para comprobar que en Holden Caulfield hay mucho de Huckleberry Finn, y luego fui a parar a Melville y a Hawtorne y a Sherwood Anderson y su excelente Winesburg, Ohio, y a continuación vinieron Henmingway, Carver, Ford, Richard Bausch… Si la lectura de un libro se agota en sí misma, si esa lectura no despierta en mí la avidez de acometer otra y ésta, otra y otra más, pienso que algo ha fallado. Y resulta que cada vez que intento localizar el origen de este revoltijo caótico, el arranque de estas idas y venidas, es Hambre el libro que más pronto me viene a la cabeza. A lo largo de los 120 años transcurridos desde que Knut Hamsun lo escribió, el conflicto humano al que me refería anteriormente se advierte en Kafka, en Albert Camus, en Fante (sobre todo en su obra Pregúntale al polvo, tan emparentada con Hambre), Bukowski (Factotum le debe tanto a la obra de Hamsun) e incluso en algunos personajes inadaptados de John Cheever, pero sobre todo en el mismo Cheever, ya que según se desprende de sus Diarios el martirio personal, moral e intelectual sufrido por el autor norteamericano no dista mucho del sufrimiento que padece el protagonista de la obra de Hamsun.
Creo que en Hambre podemos encontrar todavía aspectos estilísticos de lo más novedosos y una complejidad en sus personajes que podría trasladarlos al día de hoy; a sus 120 años de edad el libro es uno de esos ancianos de la tribu a los que se acude para solicitar consejo. Aunque de una manera silenciosa y en muchos casos instintiva, Hambre está más presente en la literatura actual de lo que parece.
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