martes, 21 de agosto de 2007

un par de reseñas a EL TACTO...

En El hueco del viernes, bitácora vinculada a la revista de curiosidad literaria Avión de papel, se incluye con fecha 20 de agosto la siguiente reseña al Tacto.

Casi regreso de vacaciones y es cuando recuerdo que tengo una deuda en mi maleta. A Pepe Cervera le debía una reseña sobre su libro El tacto de un billete falso. La colección de cuentos me llegó un día por correo postal y, cuando la leí, no dudé en entrevistarle para Aviondepapel.com. Por entonces, yo estaba algo cansado de tanta literatura vanguardista. Me propuse -no lo conseguí- otear aquello que llaman intimismo literario ("hablemos de mí y de lo que siento"). El tacto de un billete falso me sirvió para entender algo más sobre ese sentimiento utópico que los humanos llamamos felicidad (el más subjetivo de todos). De esto trata el primer libro de relatos de Cervera. De esa milimétrica línea fronteriza que delimita a las personas. Es la línea de la felicidad.Ya autores contemporáneos estadounidenses se ubicaron a un lado u otro de esta frontera. Rememoro que alguien me dijo una vez que los dos cuentistas más distantes entre sí de esta línea son Raymond Carver y John Cheever. Ambos se asoman -literariamente- al pozo de los deseos. (Ojo, la felicidad es ese momento en que creemos que nuestros deseos se cumplen y abandonan su condición de promesa).Sin embargo, Carver narra personajes marcados por la desdicha. Nunca han sido felices y nunca lo serán. Miran, por tanto, la vida desde el fondo del pozo. Desde ahí vislumbran una luz que saben que jamás podrán palpar.En cambio, Cheever esboza protagonistas que han escalado las paredes de piedra de ese pozo. Se sientan en el bordillo y son -creen que son- tan felices. Desde ese lugar privilegiado, donde divisan el reflejo en el agua de su propia sonrisa, dichos personajes sienten que algo les empuja -de nuevo, una vez más, y otra y otra- hasta el fondo.Basta de metáforas. La diferencia entre Carver y Cheever es clara. Carver narra historias de personajes que circunvecinan un vacío. Cheever estropea la vida de personajes que, en algún instante, circunsolean la plenitud. Vacío / lleno. ¿Dónde se coloca Pepe Cervera? ¿A qué lado de la línea fronteriza de la felicidad?Cervera se arrima a Cheever. Por su puesto. Ya desde la primera página, El tacto de un billete falso nos enseña y recuerda un fragmento de un relato cheeveriano: Es un párrafo de El enorme receptor de radio. Ya estamos avisados. Esta colección de cuentos nos introduce en momentos cotidianos de personajes que podríamos ser cualquiera de nosotros (¿Lo seremos alguna vez?). Relatos que nos dicen: Esperamos un hijo; conocemos la historia de nuestro abuelo; etcétera. Estos sucesos ocurren cuando estamos en una etapa vital que, si nadie lo impide, catalogaríamos como bienaventurada.Es el caso, por ejemplo, de 11 de julio de 2004. En este relato, Cervera traza la primera coordenada del mapamundi de lo que será todo su libro. Nos adentra en la incertidumbre de una pareja. Él y ella son felices (y casi comen perdices). Pero -aquí aparece la sombra de Cheever-, aguardan el nacimiento de un hijo. El hijo nace y esa línea de felicidad, sobre la que han estado paseando como funambulistas, parece ceder bajo sus pies. Escuchen el desenlace de este cuento: "jamás conseguiré llegar al final de este recto y larguísimo pasillo".No dejen de leer, tampoco, títulos de la colección El tacto de un billete falso, como Palabras sueltas; ¿Y ahora qué?; o El vuelo rasante de las golondrinas. Léanlos y descubran, como yo lo hice, a qué lado de la línea llamada felicidad están estos personajes. Luego, reflexionen a cuántos pasos de esa frontera están ustedes, como lectores y como personas.Piensen en ello, porque yo, otra vez, abro mi maleta, cambio la ropa sucia por la limpia y me marcho de nuevo, de vacaciones, en busca de no sé qué.

2 comentarios:

manuespada dijo...

¿Cómo y dónde se pyede comprar tu libro? Un saludo.

manuespada dijo...

Gracias a ti Pepe, yo también soy un aficionado a escribir y a leer relatos y me gusta leer todos los que caen en mis manos, así que la semana que viene me pasaré por la Casa del Libro para comprarlo.