miércoles, 10 de marzo de 2010

Reseña en YMÁLAGA.COM


El periódico digital YMÁLAGA.COM publica hoy una reseña sobre mi libro Conozco un atajo que te llevará al infierno.

Se puede leer pinchando aquí.

martes, 16 de febrero de 2010

Banda sonora (VIII)

El teléfono está sonando cuando abro la puerta de casa. Oigo un par de timbrazos mientras dejo las llaves y un puñado de monedas en el vacía bolsillos que hay sobre el mueble de la entrada.
— ¿Lo coges tú?—Alejandra grita desde el cuarto de baño—, ¿Andrés?
— ¿Si?
También oigo música en el salón comedor. Escucho durante unos segundos y reconozco uno de los temas que Michael Nyman compuso para la banda sonora de The Cook, the thief, his wife and her lover.
—Contesta tú, yo no puedo salir ahora.

(De “Conozco un atajo que te levará al infierno”, página 159)

sábado, 13 de febrero de 2010

Y dale con los funcionarios, y los gilipollas

Decía yo en la entrada anterior que la clase política en general suele desprestigiar a los funcionarios cada vez que le interesa manipular a la opinión pública, y de paso considerarla gilipollas. Poco han tardado en esta ocasión, en El País de hoy puede leerse un artículo a doble página (“Fijo para siempre, pero ¿inamovible?” es el título) que en principio podría haber servido para analizar un pelín a fondo la cuestión del empleado público en España, pero que se queda en un quiero y no puedo. El artículo en cuestión rebosa medias verdades, suministrando datos que a simple vista parecen escandalosos y que a cualquier lector le llevará a pedir la cabeza de cada uno de los funcionarios de este país, pero que realmente no son más que referencias tendenciosas que carecen del espíritu de suministrar información al ciudadano.

Muy al principio, el autor del artículo ya nos dice que “En el reino del empleo temporal, del ERE y la congelación salarial, ¿por qué el funcionario tiene trabajo fijo y hasta le suben el sueldo?” Pero qué subida de sueldo ni subida de sueldo, por favor. Actualmente se está negociando entre la patronal y los sindicatos de este país subidas salariales en la empresa privada de hasta el 1% en 2010, entre el 1% y el 2% para el 2011, y entre el 1’5% y el 2’5% en 2010, cuando los funcionarios han experimentado una subida del 0’3% en su salario, cantidad que, o bien no se ha reflejado en un incremento del neto que mensualmente se percibe, o bien ha supuesto una merma en dicha cantidad, ya dependa del tramo tributario en el que se ha quedado el trabajador en cuestión. La pregunta a formular debería ser: ¿Pero es que cualquier trabajador español merece que se le actualice el sueldo y los funcionarios no, únicamente por serlo? ¿Pero es que estamos idiotas o qué? No se puede plantear que el empleo fijo es contrario a la actualización salarial ¿Cuántos trabajadores tiene contrato indefinido? ¿Merecen éstos actualización salarial o no la merecen por estar fijos?
Se nos dice más adelante que “Mientras los países de la Unión Europea recortan funcionarios, España los aumenta (un 32% entre 2000 y 2008)”. Dicho así supone un nuevo agravio, volvamos a exigir la cabeza de todo funcionario que asome el morro. No obstante, si se explica que en España hay un funcionario por cada 15 habitantes, en Italia 1 por cada 17, en Alemania 1 por cada 18, en Reino Unido 1 por cada 22, en Francia y Bélgica 1 por cada 12 (más que en España), en Irlanda 1 por cada 13 (más que en España), en Portugal 1 por cada 14 (más que en España), en Suecia uno por cada 8 (más que en España), si se facilitan todos los datos, el análisis que puede enfocarse ya no será desde la posición inamovible de que son demasiados funcionarios, sino desde la pregunta de cuántos funcionarios son necesarios. O es que ¿no son necesarios? Si el empleado público no es necesario para gestionar un país por qué lo es el político.

En el párrafo siguiente se añade: "A las ocho de la mañana, una persona ficha por todos, y a las tres, otra hace lo mismo. No se trabaja ni cuatro horas al día. Se puede verificar muy fácilmente pues todos los fichajes se hacen en el mismo ordenador". Aunque se abusa del tópico (tópico que ya fatiga, la verdad. ¿No hay otro?), esa parece ser la opinión del secretario sustituto del Juzgado número 1 de El Ejido (Almería). ¿Secretario sustituto? ¿Y a la opinión personal y anecdótica de un secretario sustituto se le otorga suficiente credibilidad para engrosar el cuerpo del articulillo de marras? Si a más de un funcionario de carrera preguntaran, seguro que la respuesta no se alejaría mucho de que los sustitutos y los interinos no son más que salva patrias con escasa formación profesional (escasa formación por decirlo suave) y demasiadas deudas adquiridas con quien los “coloca”, trabajadores que por su propia situación de provisionalidad se caracterizan por un servilismo que poco beneficia ni a la administración pública ni al administrado, ya que esa provisionalidad los distancia de la perspectiva objetiva y neutral que debe regir los actos profesionales de un funcionario público, y los acerca al clientelismo, que en definitiva es hacia donde lamentablemente se tiende en la administración pública española en los últimos tiempos.

Casi al final encontramos la siguiente reflexión: “Mientras en los países anglosajones cuesta atraer a la juventud al funcionariado, en España se hace cola. "Da pena que el objetivo del universitario sea sacarse una oposición", se lamenta Mario González. "Es una situación racional, por supuesto, porque te da empleo fijo de por vida y aumentos salariales del 2%, pero mata el espíritu emprendedor de un país, que es lo que hace progresar a la sociedad". La causalidad está servida. La bobada también, repito. Como ser funcionario te proporciona empleo fijo de por vida y subida salarial cada año, todo el mundo quiere ser funcionario. Qué risa, María Luisa. Opino que es todo lo contrario a la simpleza anterior; deberíamos considerar sintomático que en una zona como Cataluña, de las más industrializadas del país, se tenga más dificultades que en Extremadura, por ejemplo, para atraer trabajadores a la empresa pública. No será más acertado pensar que como España es un país deficiente en industria privada, todo aquel que quiera formar parte del mercado laboral carece de alternativas a la administración pública.

Ay, estoy cansado, muy cansado he escrito esto de tirón. Sé que da para más, mucho más, pero sigo pensando que somos gilipollas, todos, sí, gilipollas, al menos es lo que deben pensar los políticos, visto como nos tratan.

jueves, 11 de febrero de 2010

De funcionarios, parados, políticos, CR9 y gilipollas


















Comparativa (I): A finales del pasado año, desde la clase política de este país se comparó al colectivo de empleados públicos con el número de trabajadores que estaban quedando sin empleo. Nada nuevo bajo el sol. Se viene haciendo desde la noche de los tiempos cuando al gobierno de turno le interesa. El objetivo era claro. Evidenciaron el agravio que esa situación supone y de paso justificaron ante la opinión pública la congelación salarial de los funcionarios, esas sanguijuelas aprovechadas que no merecen ni agua para beber —y digo congelación porque eso es lo que es la “subida salarial” del 0’3% —. El gobierno del estado ahorró con la medida una cantidad más o menos equiparable a la que en agosto de 2009 —en plena crisis— se regaló en forma de aval por el gobierno valenciano a una entidad privada como el Valencia C.F. (74 millones), o a la empresa encargada de organizar las competiciones de fórmula uno (90 millones).












Comparativa (II): Esta mañana, al leer la prensa, me he desayunado con que el señor Bono, ese socialista modélico que cada dos por tres viaja a Roma para besarle el anillo al santo padre, ese defensor de las clases más desfavorecidas, emparentado vía consuegra con la clase pudiente —pudiente de rico, no de putrefacto, que conste— ante las críticas que se vienen escuchando sobre los sueldos y el sistema de pensiones de los diputados, va y remite una carta a los miembros de la cámara comparando el presupuesto con el que se pagan todos los sueldos y gastos del Congreso, con el coste del fichaje de Cristiano Ronaldo. Añade que el sueldo de los parlamentarios están congelados, el de los parlamentarios, no el de los funcionarios —y dale con los funcionarios— El objetivo es claro: si nos pareció bien el fichaje millonario del futbolista, también debemos aprobar el coste que supone mantener a nuestra clase política.

Ojalá en su día se hubiera comparado los sueldos de los funcionarios con el de CR 9, pero por lo visto no interesa, interesa comparar el de los políticos, tan galácticos ellos.

Conclusión: Somos gilipollas, todos, al menos es lo que deben pensar los políticos, visto como nos tratan.

viernes, 5 de febrero de 2010

Banda sonora (VII)


Las ocho y media ya. Teo cruza las piernas y al instante las descruza para poner un pie en el suelo. Enciende otro cigarrillo. Las ocho y media. Se pregunta dónde estará Reyes en este momento. No consigue sacársela de la cabeza; cada dos por tres su imagen ocupa sus pensamientos y una persistente sensación de náuseas arrecia en la boca de su estómago. Se siente incómodo consigo mismo, incómodo con Paco El Chepa y su manía con las palabras, incómodo con todo.
Debería haberse quedado en casa, esperándola. Había quedado con El Chepa para ir esta noche al concierto de Kiko Veneno en la Sala-4, Juan Cervera les ha conseguido un par de invitaciones, pero está pensando que mejor lo deja estar. Hoy no ha sido una buena idea salir. Le viene al pensamiento una película en la que un personaje explica su miedo a quedarse solo, y otro, un poco más hipócrita, le contesta con media sonrisa algo así como que todo el mundo está solo, pero es mucho más fácil llevarlo en compañía.
También él tiene miedo a la soledad, y más desde hace dos días, cuando averiguó que Reyes se lo está montando con un antiguo compañero de instituto. Jamás había pensado que algo así pudiera llegar a sucederle. Lleva dos noches sin dormir, preguntándose cómo debe reaccionar, qué debe decirle, si es que debe decirle algo, qué es lo que la gente suele hacer en una situación como esa.

(De “Conozco un atajo que te levará al infierno”, página 115)

jueves, 28 de enero de 2010

jueves, 21 de enero de 2010

"Conozco un atajo..." en Diario Sur de Málaga


La prensa malagueña se hace eco de la presentación de mi libro.

Banda sonora (VI)


Parpadea de forma nerviosa mientras lo enciende, expulsa el humo por la nariz, vuelve a mirar a Teo durante un segundo y luego echa un vistazo a su alrededor, hasta que sus ojos tropiezan con el póster que cubre el cristal de la ventana. Es una fotografía de Lou Reed. Se le ve con el micrófono pegado a los labios, con el cabello muy corto y un collar de cuero negro con tachuelas plateadas ceñido al cuello. Una camiseta negra sin mangas deja al descubierto la blancura excesiva de sus brazos, delgados y tensos. En la parte superior puede leerse "Rock N Roll Animal".

(De “Conozco un atajo que te levará al infierno”, página 114)

martes, 19 de enero de 2010

"Conozco un atajo..." por Miguel Ángel Muñoz

Sé que este libro es un manual casi perfecto para hablar de las similitudes y diferencias entre la novela y el cuento, pero preferiría no hacerlo. No caeré en el tópico que tanto molesta a los escritores (sobre todo a los de relatos), ni me detendré más allá de estas dos frases, que están a punto de acabar, en lo que este volumen tiene de novela o de libro de relatos. Punto seguido. Pasamos a otro tema. Al fin y al cabo, creo que Pepe Cervera ha escrito un libro de aventuras. Sí, no te sorprendas, Pepe. Un libro de aventuras porque cuando la literatura se acerca a la vida de las personas transformadas en personajes, ya entramos en el terreno de la aventura, de lo azaroso, de la incógnita, de lo incógnito.
En estos tiempos la literatura sueña con volverse electrónica (no sólo por su modo de lectura sino también por su tema narrativo –casi historias sobre transistores, que parecen estar escritas para ser leídas por transistores-). Es una opción interesante, sin duda, por los caminos que abre en la literatura. Pero hasta ahora, que se sepa, los transistores no leen. Todo llegará, seguro que sí, pero Pepe Cervera ha preferido optar por otra senda, la del personaje puro, la de la narración pura, en el contexto de una estructura impura.
Me gustaría limitarme a dar algunas pinceladas de aspectos que se incluyen en este libro, y que me han parecido muy descatables. Sobre todo queremos escuchar a su autor hablando sobre su libro, y no pretendo acaparar demasiado tiempo antes de iniciar su intervención.
“Conozco un atajo que te llevará al infierno” cuenta la senda de una vida, más que la historia de una vida. Andrés Tangen, el protagonista de la mayoría de estos dieciocho cuentos, nos acompaña y nos anima a que le acompañemos desde su infancia hasta la entrada en la madurez definitiva, la que ya no admite vueltas atrás, ni arrepentimientos ni perdones, la que asume que la estancia en el mundo es definitiva, pero breve. Como un cuento. Decía antes que la estructura es impura porque toma elementos propios del cine, la novela o el cuento. Abunda en un mestizaje necesario y muy moderno, aunque no hable de transistores. Habla de Andrés, lo decía antes. Andrés Tangen. Me ha recordado mucho este Andrés a un Andrés famoso de la literatura española: Andrés Hurtado, el protagonista de “El árbol de la ciencia”, en lo que aquella novela tenía de iniciática y melancólica, por su capacidad de mostrarnos al tiempo los efluvios ilusionantes y el poder retórico y violento de la juventud y la serena aceptación de los desastres de la vida que conlleva la madurez.
Pepe Cervera consigue que al acabar el libro sintamos que su voz está muy cercana a la de Andrés Tangen, y “Conozco un atajo que te llevará al infierno” es de esos libros en que percibimos que su autor se ha comprometido con el personaje hasta extremos muy íntimos, y no ha tenido miedo a mostrar sentimientos que van de la ira a la mezquindad, del agravio generacional a la falta de compasión. Pero al tiempo desde una perspectiva humana. Es decir, Pepe Cervera ha preferido, antes que consolarnos con pamemas sentimentales, ser fiel a su idea noble del realismo literario como transmisor de experiencias vitales.
En los tres primeros relatos Andrés Tangen es un niño de once años al que vemos mezclado entre iguales. La pandilla, el grupo. Constatamos que en los niños de cualquier época anida la violencia y la sexualidad. Pepe Cervera nos habla de Andrés Tangen, una vez pasados esos primeros cuentos, como podría hablarnos de Castro o de Quesada, dos de sus compañeros de juegos. Escoge a Andrés porque el escritor es un coleccionista de decisiones, y tiene que elegir constantemente. El foco ilumina a partir de entonces a Andrés y a los suyos: familia, amigos, amores, amantes, y amigos de sus amantes. Como Arthur Schnitzler en “La ronda” los cuentos van viajando a través de personas distintas, y aunque el foco siempre permanezca sobre Andrés, el autor nos invita a recordar que los personajes que desaparecen en las sombras, apenas protagonizan un cuento o dos tras salir de la esquina de un relato anterior, tienen su propia vida, su propia sustancia en los márgenes del cuento, fuera de las páginas de tacto amable de esta impecable edición de E.D.A.
Andrés, con alguna excepción, se expresa siempre, en los relatos protagonizados (entre comillas) por él, en primera persona. Es su voz la que nos habla, y es una voz que pasa de la admiración hacia su hermano al odio a la figura del padre, del bravo azogue de la juventud a la sensación de proyecto inacabado que le acompaña en los últimos cuentos, de la rebelión libertaria que para él supone abandonar el instituto, en el cuento “Deriva”, al fracaso vital que supone el no ser capaz de acudir al velatorio de su propio padre, como ocurre en el cuento "Como un hombre que sobrevuela el mar". Para las otras historias, en las que Andrés es un referente, un secundario, o simplemente un vacío (porque no aparece en ellas), Pepe ha elegido la tercera persona, incluso la segunda persona, ese procedimiento tan difícil de utilizar para un escritor, en el relato central del libro, el que le da título. Pero es que el narrador hay momentos en que nos interroga, nos acusa, pide nuestra conformidad, y dirigiéndose al lector, escribe: "No sé si con lo que te he dicho podrás hacerte una idea", "Imagínate la escena...", o "No me preguntéis cómo". En esos comentarios está -a mi modo de ver, ahora su autor nos puede hablar sobre esto- una de las claves del libro. ¿Quién es el narrador de estos cuentos? Creo, adelanto mi respuesta, que es Andrés Tangen el narrador de todos los cuentos, y que de ese modo ve cumplida su aspiración final de ser escritor, de escribir relatos, aunque sólo sea para hacer aparecer a los amigos. Con esa teoría se demostraría que, finalmente, Andrés ha aprendido algo: todos podemos ser personajes, somos personajes de una historia interminable. La literatura es una forma de conocimiento. También de redención. Y este Andrés tiene una necesidad absoluta de redención, aunque nunca lo reconocería. Por eso nos cuenta estas historias absorbentes, escritas con un lenguaje sintético y preciso. Es un libro que se lee del tirón, con un interés creciente. Su autor es capaz de darle sustancia narrativa –si se lee con atención y no con la precipitada rapidez a que puede mover su fácil lectura- a una escena tan corriente como dos amigos tomando una copa en un bar. En los pequeños gestos (una toalla que muestra un pecho desnudo, el cuello de un jersey cubierto por la caspa, las fotos de unos niños en el salpicadero de un coche) Pepe Cervera, como en un sagrario, introduce sus claves, sus símbolos cotidianos que explican lo que sus personajes quieren, añoran o pierden.
También, por último destacaría la precisa utilización de la elipsis, de un modo muy propio del relato, pero a la vez de un modo especial. De un relato a otro pasan años, sí, y cosas, sí. Pero los años son una fecha, y basta con declararla. Han pasado diez años, se nos dice. Bien. Lo creemos. Sin embargo, nunca sabemos qué cosas han pasado en ese hueco de diez años. Se callan cosas. Como en los buenos cuentos. La teoría del iceberg de Hemingway, que sé que es un autor muy querido por Pepe. Lo que se ve no es tanto como lo que se calla. Y aquí esa teoría funciona de un modo preciso.
Este libro ha de ser leído por lo que cuenta tanto como por lo que calla. Hay muchos huecos, y eso le da al volumen una respiración especial y permite que nosotros participemos en la historia de Andrés, y que llenemos de carne la osamenta limada que Pepe nos entrega. Cada uno de ustedes, cuando lo lea, puede jugar a imaginar qué ocurrió en esa familia, por qué Andrés odia a su padre de aquella manera, por ejemplo. Podrán poner respuestas donde su autor se ha limitado a mostrarnos rayos verdes, como esos de la película de Rohmer. Momentos fugaces en que todo parece encajar o, lo que es más común en sus cuentos, desencajarse.
No quiero alargarme. Cedo la palabra a Pepe, y acabo como empecé, por esa diferencia novela-cuento de la que no he querido hablar. Termino dándoles un consejo. Si quieren leer este libro como una novela, háganlo. Si lo quieren leer como un libro de relatos, háganlo también. En cualquier caso, crucen este atajo que no precisamente les llevará al infierno. Lean a Pepe Cervera.

Texto con el que el escritor Miguel Ángel Muñoz presentó el día 15 de enero de 2010 mi Conozco un atajo que te llevará al infierno.